El biólogo Enrique Martínez Meyer en un momento de su ponencia
El biólogo Enrique Martínez Meyer en un momento de su ponencia

El cambio climático es un tema que ha cobrado gran relevancia en las últimas décadas. A diferencia de años anteriores, el panorama actual resulta alarmante debido al contexto climático que afrontamos.

Como parte de las actividades del programa “Uady Sustentable”, que tuvo lugar ayer en la Facultad de Derecho, se llevó al cabo la conferencia “El cambio climático en la reconfiguración forzada de la naturaleza”, impartida por el biólogo Enrique Martínez Meyer.

La ponencia inició con la mención de un evento inédito: la extinción documentada del sapo dorado Incilius periglenes, desaparecido en 1989 como consecuencia del cambio climático.

Este hecho sin precedentes marcó un parteaguas en la comprensión de la manera en que el cambio climático afecta la biodiversidad.

“Una cosa que hay que entender es que el cambio climático no significa simplemente que haga mucho calor o que ocurra un huracán fuerte en un día; se trata de procesos que ocurren a largo plazo”, subrayó Martínez Meyer.

En el marco teórico de la conferencia se abordó el concepto de “límites planetarios”, un modelo que evalúa el estado de diversos procesos que regulan el equilibrio del planeta. Este modelo utiliza una escala basada en los colores del semáforo para indicar su estado: verde (seguro), amarillo (en riesgo) y rojo (crítico).

El biólogo añadió que las actividades humanas, especialmente las emisiones de gases de efecto invernadero desde la Revolución Industrial, han provocado una pérdida progresiva de la estabilidad climática. Tan solo la última década ha sido la más calurosa de los últimos 10,000 años, con aumento promedio de 1.2 grados Celsius en la temperatura global.

Este incremento afecta los patrones de lluvia y la circulación atmosférica, lo que significa que, aunque haya mayor cantidad de agua en la atmósfera, su distribución se vuelve desigual.

En México, la situación no es distinta. Los años 2023 y 2024 registraron temperaturas extremas sin precedentes.

En cuanto a las especies, son las que más padecen los efectos de estos cambios. Muchas especies que antes eran abundantes han disminuido notablemente debido al cambio climático. Aunque algunas especies logran adaptarse y proliferar en las nuevas condiciones más cálidas, estos cambios alteran la estructura de los ecosistemas y las interacciones entre especies.

Un estudio de 2016 reveló que el 82% de los 93 procesos relacionados con la biodiversidad a nivel mundial están siendo afectados por el cambio climático. Esta investigación demuestra que, sin importar el enfoque del análisis, se encuentran evidencias claras de su impacto.

“El cambio climático y la pérdida de biodiversidad son problemas interrelacionados”, enfatizó el especialista.

Se anticipa un calentamiento continuo y una disminución en las lluvias en algunas regiones, especialmente en los desiertos del norte de México y en la Península de Yucatán. Las proyecciones climáticas indican que todas las regiones del país experimentarán aumentos de temperatura.

Existen dos tipos de impactos del cambio climático sobre la biodiversidad: los agudos, de corto plazo, y los crónicos, que son menos evidentes. Un ejemplo de impacto agudo fue la alta mortalidad de manatíes registrada en 2018, atribuida a condiciones climáticas extremas.

Como parte de las soluciones, los científicos proponen reducir la degradación ambiental, aumentar las áreas naturales protegidas y mejorar la conectividad entre ecosistemas, permitiendo así que las especies se adapten mejor a las nuevas condiciones climáticas.

Martínez Meyer reconoció que México cuenta con sistemas de monitoreo de crisis climáticas que pueden aprovecharse para enfrentar los retos actuales. Subrayó la importancia de involucrar a la sociedad para ejercer presión en favor de políticas ambientales más eficaces.

La conferencia concluyó con un llamado a comprender cómo el cambio climático afecta la biodiversidad y a emprender acciones coordinadas que mitiguen estos efectos y fomenten la resiliencia de los ecosistemas. Asimismo, se resaltó la importancia de la colaboración entre instituciones científicas para avanzar en el estudio y abordaje de estos desafíos.— Karla Acosta

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