INDIO (EFE).—Como si fuera un truco de magia, al ritmo de un potente y pegadizo “Abracadabra”, Lady Gaga mató, resucitó y resurgió una versión más evolucionada de “Mother Monster” con una actuación en la que mezcló su era más icónica con los éxitos de su nuevo álbum, “Mayhem”, en Coachella.
La estrella estadounidense encabezó anteayer el cartel de la primera jornada del festival más grande de Estados Unidos, que se celebra en la desértica Indio (California), emulando una obra de teatro que se dividió en seis actos contando el final, en los que desglosa el inicio de una nueva era sin dejar atrás las otras que la catapultaron a la fama.
A través de una inédita historia, que ya venía advertida que sería sangrienta, al dar inicio al concierto con “Bloody Mary”, y posada sobre un largo vestido rojo, la cantante avisaba de que no se trataba de un viaje cualquiera, sino más bien de una transición en la que volvió a su pasado para matarlo, enterrarlo, revivirlo y renacer de sus cenizas.
En un show cargado de dramatismo, suspiros para crear suspense, y el retorno de la estética extravagante, Gaga de repente revelaba la sorpresa y se encontraba cara a cara con su “alter ego” de “Bad Romance”.
Tras una lucha entre ambas, simulada como si fuese una partida de ajedrez bailada al ritmo de “Poker Face”, la artista mata a base de golpes y puñetazos a la dama blanca que protagoniza el vídeo de la canción principal del álbum “The Fame Monster”, su era más gótica.
Tras un ritual de entierro, Gaga yace junto al cadáver de quien simula ser su antigua yo, y comienza a emerger de sus cenizas al ritmo de “Perfect Celebrity” para luego dar paso a una de los temas que marcaron una era en su repertorio: “Alejandro”.
La estrella mostró además su faceta polifacética: tocó la batería “Killer”, la guitarra con “Garden of Eden” y se puso frente al piano las baladas “How Bad Do U Want Me” y “Shallow”, además de bailar las míticas coreografías de “Judas” y “Born This Way”.
Y tras una operación, Gaga se “reconstruye”: “Los monstruos nunca mueren”, concluyó, mientras sonaban los primeros acordes de “Bad Romance”, con la que cierra un ciclo que duró 1 hora y 45 minutos.
La primera jornada de Coachella invadió los rincones del festival de color y grandes concentraciones de seguidores en los escenarios en los que se presentaron otros artistas como Missy Elliot y Glorilla.
Más cobijados, en una sala cerrada y con los aires acondicionados puestos, la banda peruana Los Mirlos exhibió por primera vez en la historia del festival el arte de la cumbia amazónica.
Aupados por banderas peruanas, la banda repasó los mejores éxitos de su trayectoria ensalzando el sonido de su región, demostrando que tras tres décadas sobre los escenarios, el sonido del Amazona no pasa de moda.
Y al tiempo que Los Mirlos hacían mover los brazos y las cadenas de la multitud de un lado a otro, Benson Boone despidió el primer atardecer de Coachella. Todos esperaban su mítica voltereta mortal hacia atrás con “Beautiful Things”, pero lo que muchos no imaginaron es que el mismísimo Brian May, integrante de la legendaria banda Queen, aparecería por sorpresa casi al final de su actuación para interpretar junto al cantante “Bohemian Rhapsody”.
