SANTIAGO (AP).— Entre las concurridas calles del centro de Santiago de Chile, una discreta puerta gris esconde más de un siglo de historia: se trata de la sombrerería “Donde golpea el Monito”, considerada la más antigua de Sudamérica y en funcionamiento desde 1915.
El negocio, ubicado en un caserón del siglo XIX, conserva su estilo original y se ha convertido en un símbolo del pasado urbano chileno.
Su interior alberga más de 400 objetos, entre fotografías, herramientas y mobiliario de época. Ahora, con la creación de un museo, busca preservar el arte del sombrero artesanal, al igual que la memoria de la ciudad.
“La gran inmigración en Chile es española, italiana, de franceses y alemanes. Y esa gente mantuvo mucho arraigo sobre sus costumbres”, explicó Roberto Lasen, tercera generación de la familia fundadora.
La tienda abrió en un punto neurálgico: la calle 21 de Mayo, en su tiempo epicentro del tránsito comercial y ferroviario de la capital.
Para llamar la atención frente a la competencia, la familia importó un maniquí francés mecanizado que golpeaba la vitrina. Así nació el apodo del local. “De ahí está el nombre… se lo puso el pueblo”, recordó Lasen.
Tradición familiar
El museo y la tienda reciben hoy tanto a turistas como a santiaguinos. Algunos visitantes adquieren sombreros de hasta 250 dólares, mientras que otros solo buscan fotografiarse en el gran espejo dorado que adorna el ingreso. Pedro Díaz, de 71 años y trabajador del lugar, aseguró: “En un mes se vendieron más de 200 sombreros con protección UV”.
La tienda ha sido testigo del paso del tiempo y de varias generaciones de clientes. “Hay un público cautivo de gente mayor que trajo a su hijo y ese hijo después trajo a su hijo”, explicó Díaz.
“Son cuatro o cinco generaciones que siguen viniendo”, reveló.
Enzo Restovic, de 33 años, solía visitar la sombrerería con su abuelo. Hoy trabaja ahí. “Me gusta eso de mantenerse fiel a sus orígenes y no perder la esencia, pero también saber actualizarse”, señaló Restovic.
A lo largo de su historia, la tienda ha atendido a figuras ilustres, incluyendo presidentes como Salvador Allende y Gabriel Boric.
Contra todo pronóstico, “Donde golpea el Monito” sigue de pie, ahora también como espacio cultural, evocando un Santiago de Chile que ya no existe, pero que permanece en la memoria de sus visitantes.
Además de operar el museo, la sombrerería planea ofrecer talleres educativos para enseñar a jóvenes artesanos los procesos tradicionales de confección de sombreros, una técnica que ha ido desapareciendo con el paso del tiempo.
“La idea es que no solo se vea el sombrero terminado, sino que se entienda cómo se hacía, cómo se moldeaba y qué materiales se usaban”, explicó Restovic, quien colabora con el diseño del programa de actividades.
Con ello, el local no solo busca conservar su historia, sino también proyectarla hacia el futuro, con la intención de que las nuevas generaciones puedan valorar el patrimonio cultural desde el entorno cotidiano.





