Víctor Garduño Centeno en la presentación de nuevos títulos de la colección del taller Hipogeo en 2023
Víctor Garduño Centeno en la presentación de nuevos títulos de la colección del taller Hipogeo en 2023

La mayoría de los escritores yucatecos no acostumbra registrar sus trabajos para proteger su derecho de autor y hay quienes, pese a ello, suelen compartir en medios digitales sus trabajos con el riesgo de plagio, aunque, por otro lado, hacer esto ayuda a la difusión de los textos.

Así lo considera Víctor Garduño Centeno, coordinador de Hipogeo Taller de Cuento, quien compartió con el Diario puntos de vista sobre el tema en el marco del Día Mundial del Libro y de los Derechos de Autor, que se conmemora hoy.

Indica que los autores locales no suelen registrar sus trabajos, al menos no antes de publicarlos en un libro, aunque hay la facilidad para hacerlo en el Estado.

Es un trámite sencillo, pero no se acostumbra hacer, y los que lo hacen es porque obedecen a grupos de los que son parte o bien porque los editores se los piden cuando ya van a publicar la obra”.

Apunta que hay un temor, que sí es justificado, de que alguien vaya a hacer uso de la obra de un escritor, aunque al menos a nivel local no se ha encontrado con un caso con fines de lucro.

Explica que cuando a alguien le gusta un texto, como un poema o un cuento, tiende a divulgarlo en redes sociales y así se va difundiendo, aunque puede ser que con las reproducciones se olvide el nombre del autor porque éste muchas veces no se incluye en los mensajes.

Garduño indica que esto puede verse de dos formas distintas, ya que hay escritores a quienes les importa que su obra permanezca y se difunda, aunque al final se ignore quién lo originó, y hay otros a quienes sí les interesa ser recordados.

Reitera que no hay una cultura del registro de obra literaria a nivel local, y depende del criterio de cada autor el publicar algo en medios digitales, pues es cuando puede darse el plagio.

Sin embargo, manifiesta que la publicación en sí misma puede ser una garantía del origen del texto y por esa razón se debe guardar; podría ser una prueba que verifique quién publicó primero el contenido en el caso de un plagio.

Señala que hay escritores que gustan de publicar trabajos de manera digital, en variadas plataformas, pues buscan la aprobación de los lectores, aunque esto implica un gran riesgo, pues si la obra es atractiva o valiosa se llegaría a replicar muchas veces y darse el plagio.

Un tema de siglos

Garduño añade que los temas de derecho de autor son complejos y el plagio es algo que ha sido motivo de cuestionamiento desde siglos atrás. Recuerda el caso del fraile Francisco Jiménez, de quien la leyenda cuenta que recibió de un indígena un texto con caracteres europeos sobre el Popol Vuh que escribió con información recibida de manera oral de un anciano.

El indígena le habría entregado al fraile en préstamo el texto, el sacerdote lo copió e hizo la traducción al maya quiché y español; el nombre del autor original fue omitido y no se sabe si en realidad existió o no.

Esto sucedió a finales del siglo XVII y se puede decir que curiosamente Jiménez también fue plagiado, ya que después varios académicos hicieron otras versiones del texto que él tuvo primero en sus manos. Esto muestra que a lo largo de los siglos el tema de los derechos de autor ha estado presente, y en la actualidad al compartir un texto, sin importar la modalidad, sigue existiendo el riesgo de un plagio, pero al mismo tiempo es una herramienta para dar a conocer lo que un autor escribe, y que sea leído, que es el objetivo de los escritores.