Por Dr. Ricardo Mansilla (*)
Recientemente hemos lamentado la pérdida del papa Francisco, un líder inapreciable de la Iglesia Católica.
Como es tradición, en los próximos días deberá celebrarse un cónclave donde se decidirá la persona que tomará su lugar. Los cónclaves son reuniones herméticas donde muy poco se conoce de las dinámicas internas que conducen a uno de los cardenales a erigirse en sumo pontífice. Existe un juego de fuerzas, coaliciones y negociaciones entre los participantes que finalmente hace salir el humo blanco desde el techo de la Capilla Sixtina.
Sin embargo, es muy poco conocido que durante el Renacimiento (más precisamente entre 1484 y 1559) era de buen augurio que las celdas asociadas a los cardenales quedaran debajo de ciertas pinturas de las paredes de la Capilla Sixtina.
Entre los años 1481 y 1482, las paredes de la Capilla Sixtina habían sido decoradas con obras de Sandro Botticelli, Domenico Ghirlandaio, Pietro Perugino, Cosimo Rosselli y Luca Signorelli.
Durante los cónclaves se improvisaban al interior de la misma celdas de madera donde los cardenales, atendidos por sus sirvientes, podían comer, dormir y pasar el tiempo entre las votaciones. El hacinamiento en ocasiones era notorio. Durante los dos cónclaves de 1503, 40 cardenales aproximadamente debieron ser acomodados. Durante los cónclaves de 1521 y 1523, 39 celdas fueron necesarias. En todos los concilios las celdas se numeraban y eran asignadas por una lotería días antes del inicio de las deliberaciones.
“Augurio”
Existía la creencia entre los participantes y los observadores cercanos a los cónclaves que al cardenal que se convertiría en Papa se le asignaría la celda debajo de la pintura “Cristo entregando las llaves a San Pedro” de Perugino. Otra celda de buen augurio era la que quedaba debajo del cuadro de Signorelli “Los últimos actos de Moisés”, que muestra a Moisés entregando una vara de oro a José.
En el primero de los cónclaves de 1503 el cardenal Francesco Piccolomini de Siena ocupó la celda debajo de la obra de Perugino antes mencionada y emergió como el papa Pío III. Este Papa tuvo un reinado muy breve y murió semanas después, lo cual impuso la necesidad de un nuevo cónclave. En esta ocasión, Giuliano della Rovere fue electo como el papa Julio II y ocupó la celda debajo de “Cristo entregando las llaves a San Pedro”.
El impacto de estas coincidencias fue tan grande que en el cónclave de 1513 su maestro de ceremonias Paris de Grassis prefirió no incluir en su diario la secuencia de asignación de celdas. Los datos de ese cónclave han llegado hasta nosotros a través de la obra del historiador veneciano Marin Sanudo y, sí, el electo papa León X también ocupó una de las celdas debajo de las pinturas agraciadas.
En este cónclave fue el cardenal Francesco Soderini de Florencia, quien ocupó inicialmente la celda debajo del cuadro de Perugino, pero pidió ser cambiando a otra celda más cercana a la enfermería, pues tenía una fístula infectada. La celda agraciada fue ocupada por el cardenal Giovanni di Lorenzo de Medici, quien terminó siendo León X.
Pero no siempre se cumplieron los augurios antes mencionados. En el cónclave después de la muerte de León X, el cardenal Sigismondo Gonzaga ocupó la celda debajo de la pintura de Perugino. El 24 de diciembre de 1521, Alfonsino Facino, un diplomático de Mantua, le escribió una carta a Isabella d’Este, hermana política del cardenal Sigismondo, donde le decía “acá estamos llenos de esperanza”. Sin embargo, en 1522 el cardenal Adriaan Florensz Boeyens fue electo como el papa Adriano VI.
En el cónclave de 1523 el cardenal Giulio de Medici ocupó la celda debajo de la pintura de Perugino y emergió como el papa Clemente VII.
Este mito se ha disipado en el tiempo. En la actualidad los cardenales utilizan instalaciones más cómodas que las vetustas celdas de madera armadas en la Capilla Sixtina. Pero resulta interesante cómo una sucesión de hechos fortuitos influyeron en las decisiones de una de las instituciones más relevantes de nuestra civilización.
Los interesados en abundar en este tema pueden consultar el trabajo “Papal Conclaves and Prophetic Mystery in the Sistine Chapel” de D.S. Chambers, que se publicó en 1978 en el “Journal of the Warburg and Courtauld Institutes”, Vol. 41, páginas 322-326. A esta publicación se puede acceder en la Biblioteca Digital de la UNAM.
*.- Investigador del Cephcis de la UNAM.
