La conformidad engendra mediocridad y oportunismo. Antonia Eiriz
En el Centro Cultural MID, en nuestra Ciudad de Mérida (calle 57 número 519-A entre 64 y 66), se inauguró el pasado 2 de mayo la muestra La Hach, integrada por un total de 25 obras, de dos sobresalientes artistas y jóvenes artistas (26 años): Alan Avreg y Ricardo Uicab, la cual permanecerá abierta al público hasta el cuatro de junio.
Este espacio-galería, MID, se trata de un imperdible en los recorridos de lugares alternativos e independientes que están surgiendo en el Estado, por lo cual hay que reconocer la labor que ejerce sobre la comunidad artística local, ya que crea diferentes oportunidades para ver la producción plástica, así como para que los artistas presenten su producción; además de cumplir con su finalidad económica y fomentar el consumo cultural con obras en un rango de precios asequibles.
La Hach, título de la exposición, se entiende como la última de algo, aplicado a la despedida, esta palabra suele utilizarse al hablar de una última ronda de licor que se ingiere en reuniones antes de retirarse, es decir, la última copa; en este caso se trata de dos artistas de “última” generación de la plástica, denominados emergentes; prueba de que la creatividad y la autogestión pueden abrir caminos en la escena de la plástica actual.
Cada uno de los artistas expuestos posee un lenguaje personal, a pesar de su corta trayectoria como profesionales del arte y de una formación autodidacta.
Alan Avreg presenta dos núcleos de obra: el primero de escultura y el segundo de pintura. Respecto a las piezas tridimensionales, están construidas con pasta de papel a manera de contenedores con formas singulares y de gran colorido, y en su interior se desarrollan historias vinculadas con la forma externa que los resguarda; también se pueden considerar esculturas dinámicas, ya que poseen pequeñas “puertas” que se abren para ver la narrativa contenida en el espacio interior.
Sus diseños vinculados en el toys-art por su sentido lúdico pero que, a diferencia de los juguetes tradicionales, éstos no buscan necesariamente ser “funcionales”, ya que su valor reside en el concepto y la estética, además de que no van dirigidos al público infantil, sino a personas de una edad mayor, ya que son juguetes creados a mano, los cuales no responden a una demanda industrial.
Por otra parte, y respecto al colorido de las mismas están en contraposición a su pintura, ya que la misma refleja la soledad, mediante escenas terribles, desgarradoras o poseedoras de un profundo sufrimiento, no solo por las escenas descritas que destacan por su estilo audaz, provocador y a menudo satírico, sino a través de una paleta de tonos sombríos que le otorgan un dramatismo singular.
Ricardo Uicab
Por su parte Ricardo Uicab ha podido consolidar también un estilo personal identificable por su técnica y su paleta de tonos ocres, acentuados por los tonos oscuros y el uso del claroscuro, con un manejo escenográfico de la luz y la sombra, que nos proporcionan un sentido melancólico, y cuyos temas van desde la pintura popular y costumbrista, escenas actuales, hasta sus paisajes de pinceladas rápidas y libres que le caracterizan y demuestran una excelente técnica de representación ilusionista de las formas.
Respecto a los paisajes, cabe mencionar que intenta transmitir emoción en lugar de realidad mediante una pincelada intensa y vibrante, convirtiendo lo real en una síntesis que las convierte imágenes abstractas de un entorno, capturando la luz, el color y el movimiento tal y como son percibidos.
Destaca su autorretrato que podríamos considerar como una autobiografía visual, realizado mediante pronunciados trazos expresivos en lo que se conoce como pintura de impasto (donde el material se coloca en un área de la superficie en pincelas visibles y a veces cargadas de materia pictórica), en el cual el artista mira al espectador, desafiándolo.
Es así como la muestra “La Hach. Alan Avreg y Ricardo Uicab”, se puede considerar como un encuentro con la plástica yucateca actual y representativa de nuestro tiempo.
Crítico
