Nelly del Socorro de Jesús Cobá Dzib y Carlos Enrique Orilla Tejero
Nuestra experiencia como padres de un seminarista ha sido un camino lleno de retos, aprendizajes y, sobre todo, bendiciones.
Desde que nuestro hijo Joaquín ingresó al Seminario para discernir su vocación, nuestra vida ha experimentado una transformación significativa, marcada por el fortalecimiento de nuestra fe y la certeza de que Dios obra en cada momento de este proceso.
El acompañamiento en su formación nos ha permitido vivir una profunda estabilidad espiritual, lo que nos ha dado la fortaleza necesaria para afrontar los desafíos que esta decisión conlleva.
Si bien hemos enfrentado retos en diversos ámbitos, como el económico, emocional y espiritual, hemos encontrado, en la oración y confianza en Dios, una guía para seguir adelante con esperanza y alegría.
Saber que nuestro hijo ha respondido con generosidad al llamado divino nos llena de paz y satisfacción.
Cada jueves sacerdotal representa para nosotros un momento de gran gozo, ya que nos brinda la oportunidad de compartir con él, aunque sea brevemente, y constatar su felicidad en el camino que ha elegido.
Es en esos encuentros donde reafirmamos la convicción de que el Seminario es el mejor lugar para su crecimiento personal; ver su entusiasmo y entrega nos llena de gratitud, y nos motiva a continuar apoyándolo con amor y dedicación.
Nuestra familia siempre ha tenido una relación cercana con la Iglesia y hemos comprendido que, sin Dios, nada somos; por ello, consideramos un privilegio y una gran bendición que nuestro hijo haya optado por este camino de entrega y servicio.
Como padres, junto con sus hermanos, le brindamos a Joaquín nuestro respaldo incondicional, convencidos de que la voluntad de Dios se manifestará plenamente en su vida.
Nos sentimos profundamente agradecidos por esta oportunidad de compartir nuestro testimonio, con la esperanza de que pueda servir de inspiración y apoyo para otras familias.
Confiamos en que Dios continuará guiando nuestros pasos y los de nuestro hijo, fortaleciendo su vocación y permitiéndole servir con amor y dedicación a su Iglesia.
Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros y por nuestro Seminario.
Saber que nuestro hijo ha respondido con generosidad al llamado divino nos llena de paz y satisfacción… el Seminario es el mejor lugar para su crecimiento personal
