Mi nombre es José Rafael May Chunab, tengo 37 años de edad y, por gracia de Dios, soy sacerdote diocesano desde hace siete, de los cuales casi tres los he vivido como formador (prefecto) en el Seminario Menor, que corresponde con los estudios de preparatoria.

Me siento bendecido al formar parte de un equipo sacerdotal que busca ayudar a que los jóvenes escuchen la voz de Dios y disciernan su vocación. Somos testigos de que Jesús sigue llamando a muchos jóvenes a entregar la vida, siguiendo su ejemplo, con el fin de ayudar a que otros tengan vida.

Asumir la misión de acompañar a estos adolescentes ha sido también una gran bendición que ha conllevado grandes responsabilidades. Estoy convencido de que Dios llama a los que Él quiere y los va formando en el camino; no convoca a los más capaces, sino que va capacitando a los que elige: por medios diversos y formas creativas, acerca a los jóvenes a su corazón lleno de misericordia.

Quienes le responden en el Seminario Menor, a su vez, son reflejo del amor divino que está vivo y es dinámico, pues el Padre no se cansa de tocar puertas para que lo dejemos entrar (cf. Ap 3, 20), transformando vidas y llenándolas de sentido.

Cada uno de los adolescentes forma parte de la respuesta concreta del Señor a las oraciones de la Iglesia, que ora incansablemente, pidiendo que Jesús envíe pastores según su corazón.

Dejarse guiar

De igual modo, ser formador implica una gran responsabilidad y algunos retos, pues no se trata solo de acompañar, sino también de dejarse acompañar, escuchar, trabajar en equipo: primero, por Cristo, quien, siendo cabeza y dueño de la Iglesia, me ha pedido apacentar a su pequeño rebaño (actualmente, integrado por 24 muchachos), según su estilo, siguiendo sus criterios y no los míos.

Además de la presencia de los padres del equipo formador y los laicos que colaboran, Dios me invita a aprender de los adolescentes de hoy, con sus sueños y esperanzas, compartiendo con ellos mi ministerio.

En este tiempo de mi sacerdocio he podido comprender de manera más clara cómo Él va formando los corazones de los jóvenes y la importancia de prepararme mejor para responder a los desafíos y necesidades de quienes me ha encomendado. Sigamos orando al dueño de la mies que envíe más trabajadores a sus campos.

¡Nuestra Señora del Rosario, ruega por nosotros y por nuestro Seminario!

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán