Turquía es un país que tiene historia, belleza y lugares fantásticos, que deja al viajante con la sensación de que una sola visita no es suficiente para disfrutar todo lo enigmático y maravilloso que hay en su territorio.

Así, en la provincia de Denizli, en el valle del río Menderes, hay un poblado llamado Pamukkale, que significa “Castillo de Algodón”; es un lugar verdaderamente fascinante con fuentes termales con aguas poco profundas en amplias terrazas que forman escalones de diferentes tamaños.

Un paisaje natural de casi dos kilómetros de largo. En sí, todo el terreno es de color blanco alucinante, esa tonalidad se debe a que el agua contiene grandes cantidades de calcio que, en conjunto con el bicarbonato, producen y dan lugar a abultadas capas blancas de piedra caliza.

La vista es espectacular, pues las cascadas del líquido se desplazan hacia la falda del macizo.

Al contemplar el panorama parece salido de un cuento de hadas, mirar la blanca montaña con claras piscinas de agua, caminar descalzo sobre ellas o bañarse es una experiencia inolvidable.

En las cercanías de Pamukkale existen las ruinas de una antigua ciudad griega llamada Hierápolis, cuya visita se recomienda, ya que tiene un teatro bien conservado que tenía capacidad para quince mil espectadores aproximadamente. Un museo arqueológico que narra historia helénica y romana y tres puertas de piedra, dos unidas por un camino de columnas bello y conservado y la tercera denominada la puerta de Domiciano.

Pamukkale y sus alrededores son verdaderamente asombrosos, las cascadas hechas por el cincel del Todopoderoso son únicas. Quien visite esas maravillas quedarán grabadas en su mente para siempre.

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