Una noche de ritmo, historia y profundo simbolismo se vivió anteayer en el Teatro Armando Manzanero, donde la Banda Sinfónica del Estado “Luis Fernando Luna Guarneros” ofreció un emotivo concierto en homenaje a la cultura y la educación búlgaras llamado “De los balcanes al Mayab”.
El evento fue una antesala a la conmemoración del Día de la Educación y la Cultura Búlgaras y de la creación del Alfabeto Eslavo, que se celebra cada 24 de mayo en Bulgaria.
Bajo la dirección del maestro búlgaro Todor Ivanov, el ensamble juvenil compartió con el público un repertorio enérgico y poco convencional, repleto de compases irregulares y melodías de la Europa del Este que retaron tanto a los músicos como a los oídos de los asistentes, comenzando con una marcha y continuando con danzas búlgaras.
Entre las piezas interpretadas destacaron composiciones de Diko Iliev, N. Tonev y Franco Cesarini, así como danzas folclóricas como “Taicho Joro” y el fascinante “Dunovský Jorop”, homenaje al río Danubio.
“Hoy vamos a estar en Bulgaria. Es uno de los países más antiguos de Europa y el único que nunca ha cambiado su nombre”, expresó Ivanov desde el escenario, emocionado por compartir su tradición con nuevas generaciones de músicos y oyentes.
Asistieron al concierto la secretaria de la Cultura y las Artes de Yucatán, Patricia Martín Briceño, quien elogió la calidad interpretativa del ensamble y la importancia de eventos que promuevan el diálogo cultural.
También asistieron la diputada Neyda Pat Dzul; Alan Padrón Albornoz, secretario de las Juventudes; y Teodora Sergeeva Micheva Hristov, encargada de negocios de la embajada de Bulgaria en México, quien agradeció profundamente la hospitalidad del pueblo yucateco.
Esta noche también fue una clase magistral sobre la diversidad rítmica y la historia búlgara. Ivanov relató leyendas, contextos históricos y anécdotas sobre las piezas presentadas, incluyendo el relato de un héroe que danzó para salvar su vida, y la conexión lingüística entre el idioma búlgaro y el hindú, resaltando la palabra “Dilmam Dilbero”, que significa “joven y juguetona”.
El concierto concluyó con una ovación de pie, cerrando con el tradicional “Dunovský Jorop”, una danza representativa del norte de Bulgaria, símbolo de vida y unión gracias a su vínculo con el río Danubio.
El público, muy emocionado, despidió con aplausos a la banda sinfónica, que una vez más demostró su capacidad de fungir como puente entre culturas. Fue una noche de aprendizaje, música y conexión entre pueblos, en la que Bulgaria y Yucatán se encontraron a través del arte.
Una fiesta del corazón, donde el ritmo —como bien dijo el maestro Ivanov, quien también es trombonista— “proviene del corazón, y si el corazón no late, no vivimos”.— Darinka Ruiz Morimoto
