• Con pastel temático y vestimenta papal, Bernardo mostró su amor por la religión en su cumpleaños
  • Detalles de las decoraciones de los cupcakes del cumpleañero

Nada de superhéroes ni personajes de moda. El pequeño Bernardo, de apenas 6 años, sorprendió al elegir un tema nada común para su cumpleaños: el papa León XIV.

La idea fue completamente suya. Inicialmente había pensado en San Nicolás, pero cambió de opinión al ver, emocionado, la primera aparición del nuevo pontífice en la ventana de la Plaza de San Pedro. Y decidió: quería vestirse como el Papa.

“Él estaba muy emocionado y feliz. Es un niño que ama la misa y siente un amor enorme por la Iglesia”, contó su madre, Tatiele Peres, reporta el sitio ChurchPOP.

Tatiele reveló que la fe es una parte viva del día a día en esta familia originaria de Brasil: “Rezamos el rosario todos los días, hacemos oración antes de las comidas y siempre les contamos historias de santos a los niños. No tienen acceso a pantallas. Sus héroes son los santos”.

Bernardo, el mayor de sus cuatro hijos, comenzó a jugar a la misa incluso antes de cumplir un año, levantando galletitas como si fueran hostias consagradas.

Con el tiempo, empezó a improvisar vestiduras sacerdotales y a usar una cruz de monaguillo en el pecho. Hasta que un día, él mismo armó su “ropa de Papa”.

Y así nació el deseo de transformar esa admiración en una celebración.

“Él mismo armó su vestimenta, jugaba a ser sacerdote, a ser Papa. Y entonces quiso ese tema para su cumpleaños”, explica su mamá.

Al final de la entrevista, Tatiele deja un mensaje lleno de esperanza y aliento: “No es fácil educar a los hijos en la fe hoy en día. Pero sí es posible. Con Dios, con oración, con la Iglesia”.

“Bautícenlos desde pequeños, llévenlos a misa, lean la Palabra con ellos. El domingo debe ser el día del Señor: en familia, en la misa, con oración y alegría”.

Los editores de ChurchPOP aseguran que en un mundo en que muchos niños se pierden entre pantallas la historia de Bernardo es un soplo de esperanza.

“Un recordatorio de que las pequeñas semillas de la fe —plantadas con amor en los hijos— pueden florecer en devoción, alegría y un profundo amor por Cristo y por la Iglesia”.