El arte contemporáneo tiene muchas caras universales, pero pocas veces se asoma con tanta claridad al llamado Sur global como lo ha hecho desde hace 40 años la Bienal de La Habana.
Para explorar su historia, sus valores y su pertinencia en un mundo que aún carga las heridas del colonialismo cultural, el artista y curador cubano Nelson Ramírez de Arellano impartirá la charla “La Bienal de La Habana: una plataforma para el arte del Sur global”, mañana, a las 6 de la tarde, en la videosala del Centro Cultural Olimpo, como resultado de una invitación del Ayuntamiento de Mérida a través de su Dirección de Identidad y Cultura. La entrada es libre.
Ramírez de Arellano es uno de los rostros más influyentes del arte contemporáneo caribeño. Es director del Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam en Cuba, columna vertebral de esta bienal desde su nacimiento. Creador visual con formación en fotografía y una larga trayectoria como curador internacional, ha enfocado su labor en visibilizar el trabajo artístico que nace en contextos geográficos y culturales históricamente marginados.
En entrevista con el Diario, Ramírez de Arellano compartió que la bienal nació en 1984 a raíz del fallecimiento de Wifredo Lam, figura emblemática del arte plástico cubano. Su deseo de ser enterrado en La Habana impulsó la creación de un espacio para honrar su legado artístico y el de muchos otros creadores del llamado “tercer mundo”, hoy reconocido como el Sur global.
Desde entonces, la bienal ha sido una plataforma pionera en mostrar al mundo el arte con raíces profundas en culturas no occidentales, lejos de las jerarquías tradicionales europeas.
Sin competencia
El artista subrayó que, a diferencia de otras bienales, la de La Habana se alejó del formato competitivo para convertirse en un espacio de diálogo e intercambio.
“Desde su segunda edición, en 1986, comprendimos que no tenía sentido poner a competir obras tan distintas en origen y tradición. La bienal se convirtió en un escenario para mostrar cómo los artistas de nuestras regiones alcanzan nociones propias del arte contemporáneo desde sus contextos y memorias”, explicó.
La más reciente edición, celebrada entre noviembre de 2024 y febrero de 2025 bajo el lema “Horizontes compartidos”, coincidió con el 40o. aniversario del evento y consiguió reunir a 400 creadores de varios países.
Entre ellos hubo una significativa presencia mexicana: Sergio Gutman con una escultura en madera en un parque público, Antonio Vega Macotela, Yutzil Cruz —descendiente de un pueblo originario y enfocada en la representación de mujeres indígenas— y el colectivo Cherani, de Chiapas, que realiza murales en los que se expresa el alma de la cultura indígena mexicana.
No es menor
“La bienal ha jugado un papel clave en desmontar la noción de que el arte que utiliza cerámica o tejidos es ‘menor’, como lo creían ferias como Arco en los años 80. Nosotros lo reconocimos desde un inicio como expresión legítima y contemporánea”, apuntó Ramírez.
“Desde la segunda Bienal de La Habana ya estábamos premiando obras textiles como las de la mexicana Marta Palau”, manifestó.
Sobre su enfoque descolonizador, el curador explicó: “Cuando un pueblo ha sido colonizado, muchas veces interioriza la idea de que debe parecerse a su colonizador para tener valor. El arte, entonces, imita las formas europeas, niega sus raíces”.
“La Bienal de La Habana propone lo contrario: abrazar nuestra hibridez, rescatar lo propio sin negar lo que se ha incorporado, pero sabiendo que nuestro valor no depende de reproducir modelos ajenos”.
Intención
Ramírez de Arellano advirtió que el proceso de descolonización cultural no busca borrar la historia ni regresar a un pasado idealizado, sino comprender y dignificar las múltiples capas que forman la identidad actual. “México, por ejemplo, es el resultado de un cruce riquísimo entre culturas originarias y herencias europeas. No se trata de negar ninguna, sino de construir desde ambas, reconociendo su peso real”, dijo.
Finalmente, extendió una invitación al público yucateco a la charla, pues “la Bienal de La Habana fue la primera en mirar con respeto al arte del Sur global”. “Hoy hay otras bienales con esa misión, pero ser pioneros nos compromete. Invito a todos los interesados en el arte, la cultura y los procesos sociales a que se acerquen, escuchen y dialoguen. Estos espacios son vitales para comprendernos y valorarnos como pueblos”.
La charla, abierta a todo público, será una oportunidad para que la comunidad artística yucateca —y cualquier persona interesada en la cultura y las dinámicas globales del arte— se acerque a este proyecto que sigue marcando caminos alternativos desde el Caribe. “Me interesa hablar de esto en lugares como Yucatán, donde también hay una riqueza cultural profunda, con raíces originarias y una identidad híbrida que tiene mucho que aportar al mundo”, concluyó Ramírez de Arellano.— Darinka Ruiz Morimoto
