Con la conferencia magistral “Cuando la mente encuentra el algoritmo: Inteligencia artificial y el futuro de la salud mental”, a cargo del doctor Raúl Alelú Paz, dio inicio en Mérida la International Conference on Artificial Intelligence for Mental Health 2025 (Icaimh), un encuentro que reúne a especialistas de México, España, Estados Unidos, Kuwait e India para dialogar sobre la convergencia de la tecnología y la atención a la salud mental.
Transmitida en línea desde España, la charla inaugural ofreció un amplio recorrido por la evolución de los conceptos de salud mental, la validez de los diagnósticos tradicionales y el impacto de la inteligencia artificial como herramienta de apoyo —y desafío— para el ámbito clínico.
Alelú Paz, reconocido científico multidisciplinar especializado en el cerebro humano, es director del Laboratorio de Investigaciones Biológicas Profesor Giacomo Rizzolatti, cofundador y CEO de EVER3 y Thera4All, y director científico-clínico de Healthy Minds Analytics. Psicólogo sanitario y doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, combina una trayectoria académica con desarrollos en IA aplicados a salud mental.
En su ponencia, planteó al auditorio preguntas sobre la forma en que la sociedad clasifica y trata los trastornos mentales.
“Hemos creado sistemas diagnósticos que convierten problemas cotidianos en etiquetas clínicas”, afirmó y recordó experimentos como el de David Rosenhan para evidenciar la fragilidad de diagnósticos psiquiátricos.
Además, subrayó el reto que representa la equidad en el acceso a la atención y enfatizó que la inteligencia artificial puede democratizar ciertos servicios terapéuticos, pero también plantea riesgos éticos si no se regulan sus usos.
“Hay algoritmos que ya pueden sostener una sesión de terapia sin que el paciente distinga si habla con un humano o una máquina. ¿Es eso un avance o un riesgo?”.
El doctor Raúl Alelú invitó a reflexionar sobre la necesidad de integrar la IA de forma responsable, como una aliada de los profesionales de la salud mental y no como un sustituto.
Agregó que la fiabilidad de los sistemas diagnósticos actuales todavía no se alcanza en 100% y esa incertidumbre abre paso a herramientas basadas en IA que, aunque en desarrollo, muestran resultados prometedores.
Como ejemplo, apuntó que en recientes ensayos algoritmos de IA han alcanzado precisiones diagnósticas hasta 16 puntos porcentuales mayores que las de médicos humanos trabajando sin apoyo tecnológico.
Su postura fue crítica hacia la relación entre psicofármacos y tratamientos convencionales. Expuso que muchos de los medicamentos psiquiátricos no se diseñaron originalmente para tratar trastornos mentales, sino que surgieron de usos médicos distintos, y advirtió que estos fármacos figuran entre las principales causas de mortalidad indirecta debido a fallos orgánicos.
Para contextualizarlo, recomendó la lectura del trabajo del periodista británico Johann Hari, quien denuncia en su libro “Las conexiones perdidas” cómo la industria farmacéutica perpetúa mitos sobre desequilibrios químicos sin bases sólidas, en detrimento de enfoques terapéuticos más integrales.
El especialista remarcó que estas fisuras en la validez científica de ciertos tratamientos convencionales impulsan la adopción de IA en el campo clínico, en el que ya se experimenta con agentes artificiales que asisten —y en algunos casos sustituyen— funciones de psicoterapia básica. Según expuso, incluso se desarrollan sistemas con capacidad de empatía percibida por los pacientes, que suelen valorar la calidad de la interacción con IA por encima de la de algunos profesionales humanos.
Antes de concluir, el doctor Alelú Paz mostró ejemplos prácticos de herramientas digitales que su equipo diseña: plataformas basadas en neurociencia y teoría del caos capaces de traducir informes médicos a lenguaje claro para pacientes, y agentes de IA que funcionan como terapeutas virtuales supervisados por un segundo sistema que monitoriza la calidad de la sesión para garantizar rigor clínico.
Al finalizar su ponencia, el doctor Paz respondió a una serie de preguntas que dejaron claro que la inteligencia artificial aplicada a la salud mental no solo despierta expectativas, sino también inquietudes éticas, legales y filosóficas.
Un asistente, físico nuclear y experto en computación, abrió la ronda cuestionando cómo la legislación europea regula que una IA pueda decidir o diagnosticar sin supervisión humana.
Ante ello, Alelú Paz enfatizó que, si bien Europa impulsa la innovación tecnológica, la normativa vigente sigue exigiendo que la decisión final recaiga en un profesional de la salud, garantizando así responsabilidad y respaldo humano ante el avance de los algoritmos.
Otro de los momentos más intensos y que provocó expresiones de asombro entre los asistentes se dio cuando se abordó el uso de grandes modelos de lenguaje generativos como soporte diagnóstico. Algunos participantes mostraron su sorpresa ante la elevada precisión reportada por sistemas como ChatGPT, reconociendo su potencial, pero advirtiendo sobre los riesgos de “alucinaciones” o sesgos que podrían inducir errores clínicos si no se validan con rigor. Alelú Paz aclaró que, en sus experiencias, el uso de IA se complementa siempre con filtros científicos y supervisión, descartando terapias sin respaldo empírico y reforzando que la calidad de las fuentes es un requisito para evitar prácticas pseudocientíficas.
Finalmente, la reflexión se desplazó hacia la dimensión humana: una pregunta apuntó a si esta revolución tecnológica —que muchos comparan ya con una nueva revolución industrial— podría profundizar la desconexión entre las personas. El investigador recalcó que la IA no debe sustituir el encuentro humano, sino liberar tiempo y recursos para fortalecerlo. “Las máquinas pueden automatizar tareas repetitivas, pero lo profundamente humano —escuchar, cuidar, acompañar— seguirá siendo insustituible”, subrayó.
Cerró recordando que, más que temer a los algoritmos, la clave está en decidir juntos cómo integrarlos de forma ética y responsable en beneficio de la sociedad.
Con lo expuesto por el especialista, la apertura del Icaimh 2025 propuso que el futuro de la salud mental se construye desde la convergencia entre innovación, neurociencia y ética, con la inteligencia artificial como aliada estratégica —pero no exenta de debates— para democratizar el acceso y la calidad de la atención.— DARINKA RUIZ MORIMOTO


