Ya estamos en julio. Llegaron las buenas lluvias y con ellas el deseo de tener un clima favorable que nos permita disfrutar, entre otras cosas, de una buena copa de vino.
En uno de mis viajes recientes reflexioné sobre las reacciones —positivas y negativas— de quienes comienzan a adentrarse en el mundo del vino. Esta inquietud se repite con frecuencia en los correos que recibo en maestrodevinos@hotmail.com, así como en los centros de consumo que visito para impartir capacitaciones.
Me llamó especialmente la atención el caso de una asidua lectora y su esposo, quienes, sentados en una mesa listos para comer, no lograban decidir qué vino acompañaría sus alimentos. Ella se inclinaba por un rosado; él prefería un tinto. Esa diferencia, repetida tantas veces en tantos restaurantes, fue el punto de partida para el artículo de hoy.
La percepción del vino y del sabor varía entre personas, pero también entre géneros. Un estudio de la Universidad de Milán señala que muchas personas no sienten que existan vinos exclusivos para hombres o para mujeres. A esto agrego que, mientras los hombres suelen interesarse más por aspectos técnicos —como variedades, regiones, origen, puntuación y precio—, las mujeres se dejan seducir por las sensaciones y los aromas. Ese néctar, bien elegido, puede ser un catalizador de placer que transforma cualquier velada —una comida con amigos o una cena romántica— en una experiencia memorable.
Las mujeres tienden a valorar el vino desde una perspectiva más emocional y social, interesándose en las conexiones que surgen en torno a su consumo. Mientras tanto, el paladar masculino busca estructuras más claras, información detallada y equilibrio. La mujer, por su parte, se deja guiar por la etiqueta, el color, el diseño, el aroma… y simplemente responde si le gusta o no.
No existen vinos exclusivos de hombres y vinos únicamente de mujeres, así que desterremos el mito que a ellas les gustan los vinos suaves, dulces o ligeros.
De hecho, cada vez más hombres se inclinan por estos perfiles suaves, mientras que muchas mujeres hoy prefieren tintos intensos, con textura, personalidad y carácter. Las investigaciones también revelan que las mujeres poseen mayores aptitudes para percibir aromas: cuando un vino perfumado escapa del radar masculino, ellas lo identifican y lo aprecian con naturalidad.
En boca, los hombres presentan la tendencia a buscar vinos equilibrados, sencillos; las mujeres, en cambio, desean vinos memorables, expresivos, que permanezcan en la memoria.
Como podrán notar, esta es una pequeña “guerra de los sexos” en torno al vino. Aunque su origen y características sean los mismos, el hombre lo paladea, lo analiza, lo degusta y lo evalúa de una forma; la mujer lo disfruta, lo siente y lo vive de otra forma.
Al final, más allá de las diferencias, lo verdaderamente importante es que cada quien disfrute del vino a su manera, y se deje llevar por esa magia que envuelve cada copa.
¡Salud! Y hasta la próxima semana.
“No existen vinos exclusivos de hombres y vinos únicamente de mujeres, así que desterremos el mito”
