El seminarista Sergio Ucán Mejía junto a Mons. Gustavo Rodríguez Vega. Los acompañan, de izquierda a derecha, los padres ArmandoObregón Patrón, Ricardo Atoche Enseñat, rector del Seminario; Ángel Gabriel Suárez Hernández, Luis Avilés Aguilar, José David González Vadillo y Héctor Cárdenas Angulo. Debajo, el arzobispo, en otro momento de la ceremonia
El seminarista Sergio Ucán Mejía junto a Mons. Gustavo Rodríguez Vega. Los acompañan, de izquierda a derecha, los padres ArmandoObregón Patrón, Ricardo Atoche Enseñat, rector del Seminario; Ángel Gabriel Suárez Hernández, Luis Avilés Aguilar, José David González Vadillo y Héctor Cárdenas Angulo. Debajo, el arzobispo, en otro momento de la ceremonia

Con mucha alegría y sentido vocacional, se celebró ayer la Santa Misa presidida por el Arzobispo de Yucatán, Mons. Gustavo Rodríguez Vega, en el Aula Magna del Seminario Conciliar.

Acompañado de sacerdotes, seminaristas y fieles laicos, el prelado encabezó una jornada eucarística enmarcada en la reflexión evangélica, la renovación del compromiso sacerdotal y un momento de especial importancia para la vida vocacional: la admisión como candidato a las órdenes sagradas del seminarista Sergio Alejandro Ucán Mejía.

La liturgia dominical procedió en un clima de esperanza. El Evangelio fue proclamado por el padre Ricardo Alberto Atoche Enseñat, rector de la casa de formación de sacerdotes, quien dio lectura al conocido pasaje del Buen Samaritano (Lucas 10, 25-37), donde Jesús enseña que el prójimo no es solo quien comparte nuestra fe o cercanía, sino todo aquel que necesita de nuestra compasión. Ante la pregunta del doctor de la ley sobre qué hacer para alcanzar la vida eterna, Jesús respondió con una parábola profundamente humana: un hombre asaltado en el camino es ignorado por un sacerdote y un levita, pero socorrido por un samaritano, considerado extranjero y marginado.

“Ve y haz tú lo mismo”, dijo Jesús. En su homilía, Mons. Rodríguez Vega dirigió un emotivo mensaje a los formadores, seminaristas y fieles presentes. Explicó el significado profundo de la admisión a las órdenes sagradas, subrayando que no se trata de un simple acto interno del seminario, sino de un momento decisivo en el camino vocacional del candidato, reconocido por toda la Iglesia como futuro ministro sagrado. “El uso de la sotana no es un disfraz, es un signo. Un signo visible de que el seminarista concluye una etapa de formación y comienza otra, más comprometida, intensa, más íntimamente unida a la vocación sacerdotal”, dijo el arzobispo.

Rodríguez Vega afirmó que este paso expresa el deseo del seminarista de pertenecer plenamente a Dios, “amar al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas”, como lo indica el mandamiento mayor de la ley.

Con tono cercano y paternal, recordó a los seminaristas que su testimonio puede hablar incluso sin palabras, como lo hacía San Francisco de Asís.

“Este hábito puede predicar aún sin hablar. Llévenlo con dignidad y con respeto. Sean signos vivos del amor de Dios en medio del mundo”, expresó.

También llamó a reflexionar sobre el Evangelio del día: “Jesús pudo haber usado como ejemplo a un samaritano, a un protestante, o incluso a un ateo, porque todos estamos hechos a imagen de Dios y todos, por tanto, somos capaces de amar. Lo que hace la diferencia es que nosotros amamos con la fuerza del mismo Cristo”.

En un momento de profunda emoción, el seminarista en etapa de teología, Sergio Alejandro Ucán Mejía, fue admitido públicamente como candidato a las órdenes sagradas.

Tras manifestar libre y gustosamente su deseo de consagrarse al servicio de Dios y de su Iglesia, se acercó ante el altar donde el Arzobispo, en nombre de toda la comunidad eclesial, lo recibió como tal.

“Este es un paso decisivo, no sólo para el seminarista, sino también para nosotros como Iglesia. A partir de hoy, Sergio se compromete de manera más consciente y firme a continuar su formación hacia el diaconado y el presbiterado”, señaló Mons. Rodríguez Vega. “Y la Iglesia se compromete a acompañarlo con mayor cercanía y oración”.

Durante una emotiva ceremonia celebrada en el seminario de Yucatán, el arzobispo Monseñor Gustavo Rodríguez Vega bendijo las sotanas de un grupo de seminaristas que avanzan en su camino vocacional hacia el sacerdocio.

Al inicio del acto litúrgico, la comunidad fue invitada a ponerse de pie mientras se elevaba una plegaria solemne: “Escucha, Padre, nuestra súplica, y por tu bondad dignamente signa este hijo tuyo, que desea consagrarse al culto divino y al servicio de su pueblo en el ministerio sagrado”. Estas palabras resonaron con fuerza y recogimiento en el templo, marcando el tono espiritual del rito.

Acto seguido, el prefecto de la etapa catecumenal presentó uno a uno a los seminaristas ante el arzobispo, destacando su deseo generoso de responder al llamado de Dios. “Señor arzobispo, este grupo de jóvenes quiere responder con generosidad a la llamada del Dueño de la mies”, expresó con profunda convicción, en un gesto que manifestó públicamente la entrega de estos jóvenes a la formación sacerdotal.

La liturgia continuó con la bendición solemne de las sotanas, prendas que representan el compromiso visible y espiritual con la vocación. “Te pedimos que te dignes bendecir estas vestiduras, como signo de la fidelidad con la que siempre proteges a los que te aman”, oró el arzobispo, pidiendo a Dios que fortalezca a estos seminaristas en su camino.

En un momento lleno de simbolismo y emoción, los seminaristas se revistieron con las sotanas, asistidos por sus propios familiares.

Este gesto representó el gozo compartido entre la familia y la Iglesia por la decisión de seguir a Cristo. Luego, en una oración coral, los seminaristas expresaron su deseo de ser discípulos fieles y alegres, unidos a Jesús, el camino, la verdad y la vida.

El acto concluyó con una invocación al Espíritu Santo y a la Virgen María, pidiendo su guía y protección en este nuevo paso de la formación. También se dirigieron palabras a San Pablo, modelo de entrega apostólica, pidiendo su intercesión para que estos futuros sacerdotes vivan con pasión y fidelidad su vocación. La ceremonia fue un testimonio vivo de esperanza y renovación para la Iglesia, enraizado en la tradición y animado por el Espíritu.

Con esta celebración, la arquidiócesis de Yucatán reafirma su compromiso con las vocaciones, pidiendo a los fieles orar por los seminaristas y por aquellos que, como Sergio, han dicho sí al llamado.— DARINKA RUIZ

De un vistazo

Bendición de las sotanas

En un momento lleno de simbolismo y emoción, los seminaristas se revistieron con las sotanas, asistidos por sus propios familiares. Este gesto representó el gozo compartido entre la familia y la Iglesia por la decisión de seguir a Cristo. Los seminaristas expresaron su deseo de ser discípulos fieles