MADRID (EFE).— De origen marinero y vinculado a las clases sociales más adineradas en la década de 1980, los náuticos, zapato de papá por excelencia, se traslada al guardarropa femenino y se convierte en el calzado más deseado de la temporada para combinar con vestidos veraniegos de encaje o bermudas y camisetas marineras.
Desde que llegaron las sandalias estilo “ugly shoes” (zapatos feos), las deportivas, las bailarinas, los zuecos y las alpargatas de esparto, poco se había evolucionado en las hormas de calzado veraniego de la mujer.
Sin embargo, esta temporada los náuticos (llamados topsiders en algunos países latinoamericanos) se hacen virales y dibujan una nueva estética en el vestir femenino. Diseñadores y firmas como Miu Miu, Carven, Lacoste y Tod’s han apostado fuertemente por ellos y los suben a las pasarelas.
Los náuticos ya no son un calzado de papá ni están vinculados a la estética fresa, “es una horma con mucho carácter que combina muy bien con prendas ultrafemeninas, como vestidos de encaje, pantalones anchos o bermudas”, dice la experta en comunicación de moda Alicia Hernández, también directora de la empresa Vality.
En vista del éxito de este calzado, la firma Bloom&You diseñó unos mocasines tipo náutico que están fabricados en piel de color beige y rosa empolvado, aderezados con un cordón a tono.
Amados y odiados al mismo tiempo, estos zapatos, encasillados también como uniforme de colegios de la alta sociedad, constituyen la tendencia del verano, incluso se lucen con calcetín blanco.
Así, se puede elegir entre modelos románticos en tonos pastel hasta diseños rotundos de color café con cordones y suela gruesa, pasando por el modelo clásico azul marino y blanco con una suela más ligera en blanca.
Toman protagonismo los diseños que combinan dos o tres colores, una nueva declinación de este clásico que se democratiza y llega a todos los rincones para mezclarse con minifaldas, polos, camisetas marineras, vestidos de estilo “boho” y trajes de lino.
Su origen
Sus orígenes se remontan a 1935, cuando el estadounidense Paul A. Sperry luchaba para no resbalar en las cubiertas mojadas de los barcos. Observó que su perro Prince no resbalaba debido a las hendiduras naturales en sus patas. Así, dio unos cortes en forma de zigzag en las suelas de caucho de sus zapatos y mejoró el agarre en las superficies mojadas.
El calzado se popularizó y se situó como una propuesta masculina a medio camino entre el vestir formal y el vestir de ocio para esos momentos de relajación
Del ambiente marinero, en la década de 1950 el náutico se instaló en el “preppy” (fresa, en México) estadounidense, el estilo que definía al niño bien, hijo de familias influyentes y adineradas, que estudiaban en universidades como Yale o Harvard y que vestía mezclando ropa deportiva como polos y camisetas con sacos, pantalones vaqueros o tipo “docker”, todo ello combinado con mocasines en los pies.
En las décadas de 1980 y 1990, los náuticos se convirtieron en un calzado de éxito entre la realeza y las clases más altas mientras navegaban por aguas del Mediterráneo y atracaban en puertos lujosos como Mónaco, Saint Tropez y Banús.
