Credit: editorialistas sommelier josé ca

Nos encontramos en pleno verano, una temporada caracterizada por climas cambiantes, con calores extremos, lluvias frecuentes, vientos fuertes y la amenaza de huracanes. Estas condiciones afectan directamente el crecimiento de las vides en todo el mundo, acelerando o desacelerando su desarrollo.

Una de las etapas más importantes en el ciclo de la vid es el envero, que ocurre durante el verano y marca el inicio de la maduración final de la uva. Esta fase sucede tras la etapa herbácea y se manifiesta principalmente por el cambio de color del racimo. En las uvas blancas, como chenin, chardonnay o sauvignon blanc, el color cambia del verde al amarillento. En las uvas tintas, como merlot, cabernet sauvignon, bonarda y malbec, el cambio es más notorio, pasando de verde a un tono morado casi negro.

El envero tiene una duración aproximada de 15 días y es el momento en el que ocurren los cambios más importantes en cuanto a aroma, color y sabor de la uva. Estos procesos no ocurren de manera uniforme en todos los racimos, lo que añade complejidad al ciclo productivo.

Fenológicamente, el envero es un estado natural en el que la uva pierde la clorofila y comienza a sintetizar antocianos, pigmentos naturales que generan el cambio de color y aportan los aromas y sabores esenciales para los vinos. Durante la maduración alcohólica y fenólica, las uvas acumulan azúcares, ácidos y compuestos fenólicos, responsables de la intensidad del color y las características sensoriales del vino.

Este momento es crucial para la bodega, pues marca el inicio de la vendimia. Desde el envero comienza la cuenta regresiva hasta que el enólogo determina que la uva ha alcanzado su madurez óptima y está lista para ser cosechada, con el potencial de ofrecer vinos llenos de matices y aromas.

Es importante destacar que, en la mayoría de las variedades, la pulpa de la uva no está coloreada; el color del vino depende principalmente del contacto con la piel durante la elaboración. El clima, la temperatura y la exposición solar también influyen en el momento y la forma en que se produce el envero, que suele ser irregular tanto en racimos como en granos.

Al inicio del ciclo, las uvas son verdes, pequeñas, con bajos niveles de azúcar y alta acidez. A medida que madura, incrementa sus niveles de agua y azúcar, disminuye la acidez y su piel se vuelve más fina y cambia de color.

En las variedades tintas, la tonalidad oscila entre azulados, negros y rosáceos, mientras que las blancas adoptan matices amarillentos. Las semillas alcanzan la maduración fisiológica, aunque la maduración industrial (momento ideal para la vendimia) aún está por venir.

El envero representa uno de los momentos más importantes para la vid, que se aproxima a su etapa final: la maduración. Mientras tanto, sólo resta descorchar una buena botella y esperar con entusiasmo la llegada del vino nuevo.

¡Nos leemos la próxima semana!

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