Credit: editorialistas sommelier josé ca

En estos días en que el calor no da tregua y el cuerpo pide constantemente líquidos para mantenerse fresco e hidratado, nunca falta quien quiera “apagar la sed de la mala” con alguna bebida alcohólica. La pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué tanto afecta el alcohol al organismo durante una ola de calor como a la que nos enfrentamos?

Lo cierto es que en estas épocas del año en que las temperaturas alcanzan niveles poco habituales es común que se incremente el consumo de bebidas alcohólicas. A los riesgos ampliamente conocidos del alcohol se suma uno más, que muchas veces pasa desapercibido: el golpe de calor.

Aunque en principio las bebidas alcohólicas parezcan refrescantes —sobre todo si se sirven frías, con hielos y combinadas con refrescos—, su consumo conlleva efectos peligrosos. Las bebidas alcohólicas tienen un impacto vasodilatador en el cuerpo, lo que interfiere con los mecanismos naturales que nos alertan sobre el aumento de la temperatura corporal. Por esto, el riesgo de sufrir un golpe de calor se incrementa considerablemente.

Además, el alcohol tiene un efecto diurético, lo que significa que promueve la eliminación de líquidos a través de la orina, favoreciendo la deshidratación. Esta pérdida de líquidos deteriora aún más la capacidad del organismo para regular su temperatura interna, abriendo la puerta al temido golpe de calor.

Por eso, en estos días de altas temperaturas es crucial mantenerse hidratado con agua simple o sueros orales, y estar atentos a síntomas como mareos, náuseas, dolor de cabeza o fatiga. Estas señales pueden ser los primeros indicios de un golpe de calor, sobre todo en personas vulnerables como los adultos mayores y los niños.

El alcohol actúa con un “doble efecto” en el organismo. Por un lado, favorece la diuresis, y por otro, inhibe la producción de vasopresina, la hormona antidiurética que normalmente ayuda a conservar el agua en el cuerpo. Como si esto no fuera suficiente, también incrementa la sudoración. La combinación de sudar más, orinar más y no reponer adecuadamente los líquidos lleva a una deshidratación significativa, si no se tiene el cuidado necesario.

Ahora bien, si aun con estas advertencias alguien decide consumir alcohol, hay dos claves que pueden marcar la diferencia: conocer los límites y acompañarlo siempre con agua. Una teoría útil —y práctica— es que el hígado necesita alrededor de dos horas para metabolizar el alcohol presente en una cerveza o una copa de vino. En este sentido, limitarse a una bebida por cada dos horas sería un consumo moderado y razonable.

También es importante evitar meterse al agua después de ingerir alcohol, aunque sea en poca cantidad. La falsa sensación de frescura puede ser peligrosa. Las estadísticas son claras: aproximadamente una cuarta parte de las muertes por ahogamiento están asociadas al consumo de alcohol.

Asimismo, conviene evitar los refrescos azucarados y carbonatados, pues pueden intensificar los efectos negativos del calor. Y en cuanto al café, si bien contiene cafeína —otra sustancia que genera debate por su efecto diurético—, la evidencia científica actual indica que su consumo moderado no afecta de forma significativa la hidratación general.

La conclusión es sencilla y contundente: durante una ola de calor, la mejor decisión es la moderación. Cuidemos nuestro cuerpo, mantengámonos hidratados y seamos conscientes del entorno. Nos leemos la próxima semana.

Noticias de Mérida, Yucatán, México y el Mundo, además de análisis y artículos editoriales, publicados en la edición impresa de Diario de Yucatán