SAN SEBASTIÁN, España (EFE).— Las exploraciones pianísticas de Brad Mehldau, ensimismado en su instrumento casi hasta el trance, han precedido al diálogo del contrabajista Dave Holland y el saxofonista Chris Potter en la jornada de ayer de la 60 edición del Festival de Jazz de San Sebastián (norte), que enfila su recta final.
En su novena visita al Jazzaldia, en el que debutó en 1993 con tan solo 22 años, Mehldau llenó la plaza de la Trinidad a la que acudió en formación de trío junto al contrabajista Felix Moseholm, y el baterista Jorge Rossy.
Mehldau tocó, como acostumbra, absorto, ajeno al mundo que le rodea si no es para coordinarse con los músicos que le acompañan, lo que le insufla cierta distancia que se aprecia también en su música.
Con la amplificación justa, sin los excesos a los que se someten a veces los oídos de los espectadores, el trío fue intercalando temas propios con versiones de “standars” del jazz en los que Mehldau arrancó al piano sonidos delicados con fraseos laberínticos y melodías que se deconstruyen para volver a emerger unos pasajes después.
Respetuoso con la tradición e innovador al mismo tiempo, el trío ha insuflado melancolía a temas como “Resignation” y en el algo más enérgico “Blues Impulse”, ambos de Mehldau, en los que los músicos tuvieron sus momentos para demostrar el dominio de su instrumento.
Jorge Rossy estuvo en total sincronía con un artista con el que colaboró hace años y cuyo ritmo ha complementado el lirismo de Mehldau.
Su batería sonó sinuosa a ratos, contundente otros, pero siempre elegante.
El bajo de Mosehol recibió también el beneplácito del público en sus solos.
Delicadísimas fueron las versiones de los clásicos “Almost Like Being Love” y “Secret Love”, con los que el trío concluyó el concierto antes de regalar una versión de “Macie”, de la maravillosa Jonie Mitchel.
El recogimiento de Mehldau dio paso al duelo entre el contrabajista británico Dave Holland y el saxofonista de Chicago Chris, dos grandes que han escrito algunas de las páginas memorables del jazz contemporáneo, y que se juntaron en su último proyecto, “Kismet” precisamente con Marcus Gilmore, que fue también uno de los colaboradores habituales del pianista de Florida.
Para todos los gustos
El Kursaal quedó desierto ayer tras la cancelación a última hora el concierto de la arpista y compositora Nala Sinephro que comunicó el pasado miércoles que no podría estar en San Sebastián “por motivos médicos”.
Pero el entorno de este auditorio, los escenarios instalados en las terrazas del Kursaal, desbordaron ambiente con público, sobre todo joven, que acudió a escuchar las propuestas gratuitas sin la preocupación, esta vez, de mirar al cielo por amenaza de lluvia.
Una de ellas fue la banda original que acompañó a Amy Winehouse, liderada por su director y amigo, Dale Davis, que presentó un espectáculo homenaje en el que Bronte Shande hizo las veces de la cantante británica fallecida en 2011 que recreó los grandes éxitos de la cantante británica.
Otro de los escenarios emblemáticos de la cita musical donostiarra, la playa de la Zurriola, recibió a “Bulego”, uno de los grupos vascos con más tirón, que interpretaron parte de su repertorio.
La banda barcelonesa Sidonie, que fundaron en 1997 el batería Axel Pi, el bajista y cantante Fesús Senra y Marc Ros, cerraron la noche en el arenal donostiarra.


