Devoción, fe y un espíritu colmado de esperanza se respiraban en San Sebastián la mañana de ayer, cuando los fieles respondieron con fervor a su cita anual en el barrio mágico de Mérida.






Desde temprano, cientos de personas se congregaron para ser parte del emotivo inicio de las festividades en honor a la Virgen de la Asunción, con una solemne misa y la esperada bajada de la imagen sagrada.
Antes de las 11 de la mañana, el templo ya se encontraba lleno. Las bancas delanteras fueron reservadas, como es costumbre en esta parroquia, para adultos mayores y personas con dificultades de movilidad, en un gesto de compasión y cuidado cristiano hacia los más vulnerables. Aunque al ingresar la electricidad no funcionaba —dejando sin luz ni sonido al recinto—, la fe no titubeó. La celebración eucarística, presidida por el párroco Lorenzo Augusto Mex Jiménez, comenzó en tiempo y forma ante el fervor de la comunidad.
Para la primera lectura el sistema eléctrico fue restablecido, y con ello, los ventiladores, el equipo de sonido y el órgano volvieron a acompañar los cantos.
El Evangelio de San Lucas habló con fuerza y claridad: “Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea”.
En su homilía, el padre Lorenzo reflexionó sobre lo breve de la vida y el engaño de aferrarse a lo material. “Dios llena el vacío que los bienes de la tierra no pueden llenar”, dijo con voz firme.
Recordó que todo esfuerzo debe estar guiado por el amor, no por la acumulación de riquezas, e invitó a los presentes a vivir con un sentido trascendente:“No se trata de acumular bienes, se trata de acumular bondad”.
Tras la misa, entre aplausos, oraciones y lágrimas de fe contenidas, se llevó a cabo el momento más esperado: la bajada de la imagen de Nuestra Señora de la Asunción.
Seis custodios, con movimientos ceremoniosos y reverentes, elevaron la imagen para llevarla en procesión por alrededores del templo.
El padre Lorenzo encabezó el recorrido, acompañado por miembros de los diferentes gremios, estandartes en mano, representando a la comunidad.
La procesión fue animada por la Charanga Cansahacabeña de Jesús Salas, cuyos saxofones, trompetas, tarolas y bombos crearon un ambiente de fiesta y recogimiento a la vez.
Mientras el pueblo la acompañaba con cantos, voladores estallaban en el cielo como símbolo de alegría.
Desde sus casas, negocios y aceras, decenas de vecinos salieron a saludar a la Madre de Dios, aplaudiendo a su paso, algunos con lágrimas, otros con promesas.
El atrio y el parque frente al templo lucieron repletos. San Sebastián, ese barrio que guarda siglos de historia y fe, volvió a demostrar que su corazón late con la devoción del pueblo sencillo. Dariana Quintal Astudillo compartió que la fe en la Virgen es una tradición en su familia: por tres generaciones han acompañado la bajada de la imagen cada principio de agosto.
“Mi abuelita nos inculcó esta fe y la traemos en las venas. Gracias, Virgencita, por todo”.
Los festejos a la Virgen de la Asunción continuarán del 3 al 16 de agosto, con rosarios, misas, encuentros comunitarios y gremios.
Se invita a toda la comunidad a sumarse a este tiempo de gracia, donde se renueva el amor por María, madre del cielo y consuelo de la tierra.“Creo, Señor, pero aumenta mi fe”, se escuchó con fuerza en una oración coral antes de culminar la misa. Y en ese eco quedó grabada la certeza de un pueblo que, a pesar de las adversidades, sigue caminando con esperanza, guiado por la luz de su fe y la ternura de su Santa Madre.—DARINKA RUIZ
