Qué difícil es cuando las cosas no van bien. ¿Cuántas veces hemos dicho o escuchado esta frase? Pero aún más, ¿cuántas veces lo hemos vivido en carne propia?
Quizá ahora mismo vengan a su memoria aquellas veces en que sentían que no hallaban salida, que no había frase que pudiera alentarlos, hacerles sentir mejor, esos día o noches en que la mente queda en blanco, con una mirada fija llena de temor, angustia y sintiéndose solos y/o abandonados, con miles de preguntas, pero ninguna respuesta. ¡Vaya que son momentos realmente difíciles!
Pero hoy me gustaría a través de estas líneas poder recordar algo y esto es, primero, que aún tienen vida y cuando hay vida hay esperanza. Seguramente no han sido una o dos veces las ocasiones que han pasado por momentos difíciles; seguramente ustedes, como yo, sí que hemos tenido tiempos oscuros.
Sin embargo, si echamos un vistazo al pasado notaremos que hemos salido victoriosos, pudimos con ese tiempo en que de la oscuridad volvimos a ver esa luz en nuestra vida para seguir, continuar, avanzar y no detenernos. Seguramente no fue nada fácil recuperarse de ese tiempo, de esa caída, de ese bajón, ya fuera personal, profesional o económico; pero, a pesar de que fue duro, aquí estamos de pie, con resiliencia.
Como toda caída, según la fuerza con la que fue, pudo habernos quedado cicatriz, pero esa cicatriz es para recordarnos que, si de esa caída sanamos, de lo que hoy estén afrontando también saldrán una vez más ¡victoriosos!
Solo quisiera compartirles algo que en lo personal me ha ayudado mucho y esto es: saber reconocer cuando ya no puedo más, aceptarlo, tener humildad y acercarme a Dios, hablar con Él como un amigo, que 24/7 me escucha, y ahí es cuando expreso en una oración: Dios, ¡ya no puedo más!
Y reconozco que ya no quiero ni puedo luchar con mis fuerzas sino con las suyas, ya que la fuerza de Dios es mayor a todo, que nos fortalece, nos alienta, nos levanta una y otra vez, pero sobre todo nos da una paz que este mundo no puede dar y, mientras pasa la tormenta, en Él estamos seguros.
Recuerden estas palabras que les comparto con afecto: ¡Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece!
Fundadora de Sublime Amor.
