Dar es recibir. Si partimos de ahí, las ventas traen a la vida flujo, atención y energía. Vender puede ser compartir, presionar, absorber, conectar o crear. Para bien o para mal.
La semana pasada mi tío Luis Vela me dijo algo que se me quedó grabado:
“El ser humano ofrece —en pensamiento, palabra y acción— algo para atender una necesidad del prójimo. La gran venta de nuestra vida es la esperanza de cumplir lo ofrecido, y con creces. Siempre será más grato dar que recibir; así el espíritu se vuelve más pleno”.
Extraordinario. Porque, nos guste o no, siempre estamos vendiendo. Con lo que pensamos, decimos y hacemos movemos la energía de los demás… y eso mismo vuelve a nosotros.
Piensa en esto: cuando obligamos a un niño a “compartir” desde el regaño, lo que vendemos es dolor por desprendimiento; eso recibirá y repetirá. Dar también es educación energética.
Ahora, otra escena. Una persona ama ahorrar; otra, gastar. Dos caminos distintos para conectar con la abundancia. Pero si uno se vuelve avaro, acumula y no disfruta; si el otro despilfarra, gasta lo que no tiene y se rompe. Siguen “recibiendo”, sí, pero desde el desequilibrio. La energía responde a cómo vendes tu manera de estar en el mundo.
Cuando digo “todos somos vendedores”, no hablo solo de comisiones. Hablo de que, aunque seas vendedor de clóset, vendes una idea, una filosofía, un clima emocional: en la comparación, en la crítica, en el chisme, en la crianza. Y eso mismo recibes. El intercambio energético no es opcional.
Para vender sin drenar —y para relacionarte mejor con tu abundancia— me sirven tres prácticas:
1. Intención limpia. Antes de hablar, pregúntate: ¿busco servir o absorber?
2. Permiso y límites. Ofrece, no invadas. Respeta el “no” y el “ahora no”.
3. Ganar–ganar. Identifica a todas las partes y asegúrate de que todas sirvan y se sirvan.
Mi nombre es Alejandro Granja Peniche y también me cuido de no ser un tiburón energético. Lo trabajo y lo sigo trabajando. Comparto mi proceso porque quiero ayudar a otros a vender —y a vivir— con más conciencia.
¿Hoy qué estás vendiendo con tu pensamiento, tu palabra y tu acción… y qué estás recibiendo a cambio?
Te leo en mis redes. Nos vemos el próximo lunes.

