En el marco del Festival Internacional de Arquitectura, Gaspar Cauich Ramírez, director general de Grupos Vulnerables de la Secretaría de Inclusión de Campeche, ofreció ayer una ponencia que cautivó al público al revelar la carga simbólica y astronómica que encierra la vivienda tradicional maya.
Bajo el título “Historia y evolución de la casa de huano”, el especialista recordó que esta no se trata solamente de una estructura habitacional, sino de un compendio de conocimientos milenarios que enlazan la vida cotidiana con el universo y la espiritualidad.
Para comprender la casa maya —o xanilnaj—, explicó Cauich Ramírez, primero hay que entender la cosmopercepción: la manera en que los mayas interpretan el mundo y lo explican a través de analogías naturales.
Un ejemplo central es la tortuga, cuyo caparazón es visto como la forma perfecta de vivienda. No solo protege y resguarda, sino que también tiene un paralelismo con el cuerpo humano: sus diez placas externas y tres internas suman trece, número asociado a las coyunturas del cuerpo.
La arquitectura maya, dijo, sigue patrones de medida ancestrales, como la vara, equivalente a la distancia entre el ombligo y el suelo. Una casa principal podía tener doce varas, símbolo de jerarquía y respeto. Cada poste representa una extremidad que sostiene la vida y su disposición se alinea con los cuatro puntos cardinales. Incluso la orientación de las puertas responde al ciclo solar, una hacia el Oriente, para recibir el amanecer, y otra hacia el Poniente, para despedir la luz.
El techo de palma —xaan en maya— no es un simple recubrimiento, pues sus hojas se colocan siguiendo un patrón que refleja el calendario solar, con cada franja representando un día del año. Las vigas transversales (wiinkil che’ o cuerpo de madera) simbolizan las coyunturas humanas, y otras piezas como el k’ab’aak o el belchó guardan referencias a constelaciones como Orión. De hecho, la relación con el cielo es constante: la casa terrenal (xanilnaj) tiene su equivalente en la “casa celeste”, representada por las estrellas y mitos que explican el origen del hombre del maíz.
La serpiente, otro símbolo fundamental, aparece como elemento decorativo y como principio cósmico. Sus escamas se replican en la ornamentación arquitectónica y su figura se asocia con la Vía Láctea, que era llamada Uac Chan o “serpiente explosión” por su apariencia en el firmamento.
“La casa de huano no es solo un refugio físico”, manifestó; “es la representación de la creación, un altar habitado que conecta a las personas con la naturaleza, los astros y los dioses”.
Antiguamente, a “construir” una casa se le llamaba “amarrar” la casa, pues no se usaban clavos, sino bejucos. Además, la edificación era un acto colectivo, de gran simbolismo: los hombres casados ayudaban al joven recién unido en matrimonio a levantar su hogar, transmitiendo saberes sobre la orientación, las medidas y el simbolismo de las piezas.
“La vivienda maya es un texto vivo de astronomía, matemática y espiritualidad”, subrayó. “En ella están inscritos los mitos de la creación, las constelaciones, las medidas del cuerpo humano y las fuerzas de la naturaleza. Perderla sería como borrar una biblioteca entera de nuestra memoria cultural”.
La conferencia fue ovacionada y diferentes personas del público le felicitaron por la forma tan sencilla y útil que tiene para contar acerca de un tema tan interesante y que, aseguran, no debe dejarse perder.— Darinka Ruiz Morimoto
Casa maya Más detalles
Gaspar Cauich Ramírez ofreció ayer una charla sobre la vivienda tradicional maya.
Se está perdiendo
Lamentó que este conocimiento se esté perdiendo debido a políticas que prohíben el uso de ciertas palmas y a programas que promueven materiales ajenos a la tradición, como las láminas de zinc, muchas veces distribuidas como apoyo electoral. Recordó que la palma no se tala, sino que se poda, favoreciendo la vida del árbol, y que su manejo está ligado a ciclos lunares y rituales comunitarios.
Arquitectura sostenible
Hizo un llamado a rescatar y reproducir este conocimiento en las comunidades, no solo como herencia patrimonial, sino como forma sostenible, climáticamente adaptada de habitar el mundo.
