• La artista visual Mónica Mitre, anteanoche, en un momento de su performance “Arquitecturas del humedal”, en el Centro Cultural del Mayab

El performance “Arquitecturas del humedal”, de la artista visual Mónica Mitre, propone una mirada diferente a problemáticas actuales, como el arribo masivo del sargazo a las costas y la transformación del paisaje.

Como parte del programa “Noche de artes vivas” de la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta), ayer se presentaron en el Centro Cultural del Mayab (antes Casa de la Cultura del Mayab) dos performances que tienen en común el uso del cuerpo como elemento central.

En primera instancia, se presentó el performance “La piel que habito” de Gabriel Quintal, que a través de pieles de cerdo, utilizadas como lienzo, exploró la identidad y cultura desde una perspectiva poética y extravagante.

Luego tuvo lugar el recorrido por “Arquitecturas del humedal”. De la mano de Mónica Mitre los asistentes conocieron distintas etapas de la instalación.

En entrevista con el Diario, Mitre dijo que el performance nació de la intención de desestigmatizar al sargazo y resaltar sus propiedades y su potencial.

En su investigación descubrió que el sargazo tiene una celulosa muy fuerte y una estructura capaz de provocar diversas reacciones químicas, lo que permite transformarlo en fibras e incluso zapatos, algo que ya se estudia en la costa del Caribe y en Yucatán.

Sin embargo, señaló que no se ha podido industrializar por intereses económicos, ya que las empresas recolectoras obtienen grandes ganancias y no permiten que se desarrolle esa industria.

La inspiración llegó a ella a través de los humedales, ese punto donde se encuentra el mar y la tierra, y a partir de ahí creó biotextiles reactivos a la luz que producen sonidos.

“Construí una serie de piezas que cubren el cuerpo, que hablan de las potencias del humedal. Los trajes son reactivos, cuando les avientan luz van a hacer sonidos”.

Para lograrlo trabajó junto con un equipo de músicos y su hermano ingeniero.

La producción se realizó en tres semanas en un taller que le dio espacio para trabajar las piezas, pero la investigación llevó años, desde su residencia en Playa del Carmen, de donde es ella y comenzó a conocer de cerca las propiedades del sargazo. El proyecto es autogestivo, colaborativo con artistas, músicos y documentalistas. Para ella, este es un ejemplo de que con recursos limitados y apoyo mutuo se pueden lograr exposiciones de calidad.

Mitre confirma que el proyecto podrían enfocarse eventualmente en juguetes y diseños industriales. Continuará vinculando arquitectura y espacios habitables.