Recibí de Buenos Aires tres volúmenes de los Testimonios de Victoria Ocampo, la fundadora de la mítica revista “Sur”.

Al día siguiente me comuniqué con mis amigos de la Librería Casares para notificarles. Le dije a uno: “Ahora que se conmemorará el natalicio de Borges tenemos que hacerle un homenaje a tu papá, se lo hacemos por Zoom”.

La respuesta fue un golpe: “Señor Navarrete, no sé si lo sabe, pero la semana pasada falleció mi padre”.

Pedí las más cumplidas de las disculpas y ofrecí mis condolencias. No conocí a Alberto Casares en persona. Cuando estuve en Buenos Aires hicimos una cita en su legendaria librería pero no llegó: se sentía mal. Intercambiamos información y saludos.

La librería era un aposento del Paraíso: las primeras ediciones, los libros antiguos y los ejemplares raros extasiaban al más exigente.

A los Casares —hijos de don Alberto— les compré primeras ediciones, el facsímil del “Fervor de Buenos Aires”, el primer libro de Borges, libros de Bioy Casares, de María Esther Vázquez, una antología de los artículos publicados en “Sur” y ediciones de la revista y de los libros de Victoria y Silvina Ocampo. Ellos me consiguieron la biografía literaria de Borges de Emir Rodríguez Monegal y el de Jobita, la muchacha de servicio de los Bioy Ocampo.

Borges visitó la librería de don Alberto Casares un día antes de partir a morir a Ginebra. Fernando Savater le hizo una entrevista que puede verse en YouTube.

La librería fue nombrada “Patrimonio Cultural de Buenos Aires”, nada más merecido.

Don Alberto —que fue presidente por años de la Asociación de Libreros Antiguos— solía decir que para ser librero antiguo se necesitaban cuatro cualidades: ser bibliófilo, tener algo de bibliotecario, algo de investigador y ser buen comerciante. Así dijo del coleccionista de libros: sabe que es un poseedor transitorio de algo que le pertenece a todos. Yo añadiría: y ser capaz de oír el sonido de las letras.

Al pasar por un armario de su biblioteca no saca un libro pero siente sus resonancias dentro de sí. Lamento mucho la muerte de este hombre que se volvió un atractivo más de Buenos Aires, al menos para escritores, coleccionistas y curiosos. Y que con su trabajo fue la memoria literaria de su país.

Cronista de la ciudad.

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