Arturo Millet Molina, presidente del Club Campestre hasta el lunes 4 de este mes, posa con María Verónica Pérez Carrillo (izquierda) y Nicole Gómez Garza, reinas 2025 y 2024, respectivamente, de la sociedad, en el tradicional baile de debutantes en que la primera fue coronada soberana, el 31 de diciembre
Arturo Millet Molina, presidente del Club Campestre hasta el lunes 4 de este mes, posa con María Verónica Pérez Carrillo (izquierda) y Nicole Gómez Garza, reinas 2025 y 2024, respectivamente, de la sociedad, en el tradicional baile de debutantes en que la primera fue coronada soberana, el 31 de diciembre

Después de 25 años al frente del Club Campestre de Yucatán, Arturo Millet Molina decidió cerrar un largo capítulo de su vida, dejando la presidencia de la sociedad. Su salida no fue resultado de presiones, sino de una convicción personal, admite.

“Fue una decisión muy bien pensada. Sentí que hay que darle paso a las nuevas generaciones”, asegura en entrevista con el Diario.

En asamblea efectuada el pasado lunes 4, la Junta Directiva del Campestre renovó su presidencia, que ahora recae en Rogelio Molina Casares. En ese acto, socios del Club dedicaron palabras de reconocimiento a la labor de Millet Molina, que abarcó dos períodos: de 1984 a 1986 y de 2002 a 2025.

“Cuando asumí la presidencia (por segunda vez) éramos alrededor de 560 socios, ahorita terminamos con una cifra que nunca soñamos, pero que era la que habíamos presupuestado como el máximo: 970”, revela.

Ese número, dice, representa una gran familia de casi 3,000 personas, considerando el promedio por núcleo familiar.

A lo largo de su gestión, el Club experimentó una transformación significativa, impulsado por la modernidad: por ejemplo, el gimnasio y, por supuesto, las canchas de tenis, que siempre han sido la insignia del Campestre y que consolidaron su prestigio gracias a torneos como la Copa Yucatán.

Con el surgimiento del furor por el pádel se construyeron canchas para practicarlo y también se hizo el campo de sóftbol, espacio deportivo que lleva el nombre de Arturo Millet por acuerdo del entonces presidente de la sociedad, José Trinidad Molina Castellanos.

Además de los avances deportivos, Millet Molina subraya la importancia de los eventos sociales que se realizan en el Club, como el baile de debutantes, en el marco del cual se corona a la reina en la última noche del año, y el baile de Carnaval.

Ambos forman parte de la identidad del Club.

“Es la joya de los eventos sociales del Club”, subraya en referencia al baile de debutantes, una tradición que, reconoce, es difícil mantener, pero cuando hay la aceptación y el amor de los socios todo es más fácil.

“Yo espero que siga por muchos años”, dice sobre el baile, el cual, admite, ha sido objeto de críticas. “Supuestamente son tradiciones muy elitistas (…) Espero que siga por muchos años porque es una de las joyas que tiene el Club Campestre”, agrega, tras señalar que el que se celebra en Mérida es quizá el único que persiste en México, pues en otras ciudades se ha dejado de hacer.

Durante su gestión se enfrentó a diferentes desafíos, entre ellos las fluctuaciones económicas del país y la declaración de la pandemia de Covid-19. “Nos afectó, como era lógico; pero tampoco significó para nosotros un problema económico ni nada por el estilo”, señala.

Contador público de profesión, el expresidente mantuvo una mirada financiera sobre la institución y orgullo por su labor. “Si los números no reflejaran lo que tenemos actualmente no hubiera yo durado 25 años. Es la confianza que los socios tienen o tenían hasta hace pocos días sobre las directivas que he encabezado. Agradezco a mis directivos el apoyo que siempre tuve y pues aquí estamos”, manifiesta.

En ese sentido, aclara que no se desliga totalmente del Club Campestre. A petición del nuevo presidente Rogelio Molina, continuará como auditor externo y asesor financiero. “De ninguna manera voy a interferir o comentar o recriminar cualquier acción que la directiva tome”, advierte y deja claro que su apoyo será técnico, sin intromisiones.

En sus propias palabras, el Club Campestre es su “segunda casa”. “Nací aquí… me enamoré del Club. He estado en muchas directivas, ya no me acuerdo ni cuántas, pero aquí seguimos”.

Al hablar de su familia, confiesa que su decisión de retirarse tomó por sorpresa a sus seres queridos. “La verdad, se extrañaron, empezando por mi mujer (Concepción Reyes Ponce). La pregunta obligada fue: ¿Dime por qué? Dios me ha dado la fortuna de, a mi edad, estar bien mental y físicamente, y fue una de las visiones. Es mejor que digas: ‘Me voy con honores’ a que digan: ‘Este viejito se quedó haciendo pura tontería’”.

Por ello, se va sin dejar pendientes. “Como le digo al señor gerente (Sergio Cruz Ruiz), lo que hay que hacer es cuidar los ingresos, que nunca falten; cuidar el número de socios que son los que generan esos ingresos y darle el mantenimiento adecuado a las instalaciones”.

A sus 85 años, Arturo Millet Molina se va satisfecho. “Siento que estoy demasiado apapachado y arropado. Estoy más que pagado. Y lo único que pido es que ese ejemplo que mi directiva ha dejado tras años siga en el Club para beneficio de todos los socios”, concluye.

Arturo Millet Molina nació el 3 de diciembre de 1939 en Mérida. El 16 de enero de 1965 contrajo matrimonio con la señora Reyes Ponce, con quien tuvo tres hijos: Arturo, Mauricio y Gustavo.

Jorge Iván Canul Ek es licenciado en Periodismo y Ciencias de la Comunicación y actualmente reportero de la Agencia Informativa Megamedia. Tiene 22 años de trayectoria en los medios, y es colaborador de Grupo Megamedia desde 2004. Los temas de arte y cultura, comunidades, ciudadanos y espectáculos son su especialidad. Con especial gusto por la crónica para el desarrollo de sus historias.