El Museo Palacio Cantón albergó anteanoche el concierto del guitarrista Ramiro Martínez Piña, que convirtió al recinto en un espacio de musicalidad, con piezas del repertorio universal y de su propia autoría.
El escenario fue una de las salas del museo, habilitada para que el músico y su instrumento fueran los protagonistas de la velada.
Previamente al encuentro entre el artista y el público, el director del Palacio Cantón, Bernardo Sarvide Primo, dirigió unas palabras en las que presentó al invitado, del que destacó su reconocida trayectoria internacional y su trabajo con artistas de Europa y América.
Entre pilastrones, molduras antiguas y aplausos, Martínez Piña dio inicio al recital con cuatro piezas que embarcaron a los oyentes en un viaje por el barroco.
El programa incluyó composiciones de Gaspar Sanz, Domenico Scarlatti, Fernando Sor, Heitor Villa-Lobos, Consuelo Velázquez y Gerardo Tamez, así como tres de su autoría con una dedicatoria especial.
Al término de la primera pieza, el músico hizo una pausa para recordar que la guitarra que estaba utilizando no era la suya, sino una que le prestaron debido a que no pudo viajar con la propia. “No es tan fácil viajar con guitarra”, dijo entre risas.
Tras afinar el instrumento, Martínez Piña demostró su técnica interpretando Variación de un tema de Mozart, Op. 9. Durante todo el concierto, el público lo miró atento y relajado.
Nuevamente hizo una pausa para hablar de lo importante que es para los músicos tener instrumentos que se ajusten a ellos para así poder dar un gran concierto.
Continuando con el programa, el guitarrista tocó el famoso bolero “Bésame mucho” de Consuelo Velázquez. Durante la ejecución de la pieza el público se mostró fascinado por escuchar esta obra tan reconocida.
La penúltima pieza fue el Preludio número 1 de Heitor Villa-Lobos y, para cerrar con broche de oro el programa, el guitarrista interpretó tres obras de su autoría que se titulan “Guanajuato bajo la lluvia”, “La Luna no se va” y “Tu sonrisa es como la luz del Sol”, que dedicó a su colega y amigo Manuel Rubio, por quien siente un gran aprecio y agradecimiento.
“Manuel organizaba un festival en Cuernavaca donde estaban los mejores guitarristas del mundo y siempre nos daba chance a nosotros de participar como ejecutantes”, recordó.
Al finalizar las interpretaciones, el instrumentista se disponía a despedirse pero el público le pidió “otra” y para el encore se escuchó “Asturias” de Isaac Albéniz. Con esto se dio por concluido el concierto.— Karla Cecilia Acosta Castillo


