El 10 de septiembre de 2001 por la noche, en un vuelo de Aeroméxico llegué a Mérida después de asistir a un taller de fotografía. Durante tres semanas los participantes realizaron fotorreportajes en la Unión Americana.
Extrañaba la cochinita, así que la mañana del día siguiente, 11 de septiembre, salí temprano para comprar unos tacos. Encendí la radio como todos los días para escuchar las noticias en la estación que acostumbro con el periodista Pedro Ferriz de Con.
De pronto, a las 6:46 de la mañana, dio la noticia que un avión se estrelló en una de las torres del World Trade Center de Nueva York. El impacto fue en la Torre Norte. En ese momento en Nueva York eran las 8:46 a.m., por la diferencia de dos horas respecto a las del centro de México. Construido en 1973 en el bajo Manhattan, era un conjunto de siete edificios que alojaba un Centro de Negocios y Relaciones Internacionales.
Del complejo destacaban sus dos torres gemelas, edificios de 110 pisos que con sus 417 metros de altura dominaban el horizonte.
Extraño accidente
El comunicador se refería al hecho como un extraño accidente y se preguntaba qué hacia un avión en un área en donde los vuelos comerciales no son comunes.
Cavilando en esto tomé rumbo a casa, es un trayecto de 10 minutos.
Al llegar detuve el auto y estaba a punto de apagar la radio cuando con voz sobresaltada el periodista informó que un segundo avión se había impactado en la Torre Sur. Habían pasado apenas 15 minutos desde el primer impacto.
—¡Esto no es un accidente, ya se trata de un atentado! —exclamó Ferriz.
Me preparé de inmediato para dirigirme a Diario de Yucatán, en el que colaboraba como jefe de Diseño .
Al entrar a la Redacción, los compañeros en turno revisaban los servicios de noticias internacionales para seleccionar y clasificar el ya cuantioso material que llegaba con el fin de redactar la información.
Me dirigí a la computadora en la cual recibimos las fotografías de los servicios Reuters y Associated Press. Éstas llegaban cada vez en mayor cantidad hasta sumar cientos de dramáticas imágenes de asombro, terror y heroísmo. Fuertes escenas de destrucción y muerte.
La ironía fue que mientras el dolor embargaba a millones de personas, en otra parte del mundo celebraban los atentados (como atestiguaban las fotos), y vitoreaban a los terroristas suicidas como héroes que dieron la vida por su causa.
“Del fanatismo a la barbarie solo media un paso”, dijo con certeza el filósofo francés Denis Diderot.
Difícil de entender es el odio y la maldad humana. Matar inocentes no justifica ninguna causa.
Muchas fotos no fueron vistas por el público.
Como encargado de revisar y seleccionar estas, las vi de primera mano en su totalidad. Hoy 24 años después aún pasan por mi mente como una pesadilla.
Otros ataques
Antes de terminar ese largo día, dos aviones más impactaron en tierra; uno en el Pentágono, sede del Departamento de Defensa de los Estados Unidos de Norteamérica, y el cuarto, el vuelo 93 que se estrelló en Pensilvania.
Se estima que había entre 16,400 y 18,000 personas en el complejo del World Trade Center cuando ocurrieron los atentados. El número de trabajadores normalmente es de 50,000. Afortunadamente, por lo temprano del día solo había una fracción de ellos durante el ataque.
El número de víctimas fueron 2,753 personas en Nueva York, 184 en el Pentágono y 40 personas murieron en el vuelo 93 en Pensilvania.
Fue el 11 de septiembre de 2001 un día soleado con el cielo azul intenso marcado por la ignominia… que no se olvidará jamás.
