Alfonso Scarano e Ivan Zenaty se conocen desde hace muchos años y comparten la pasión y entrega por la música, a la que han dedicado toda su vida. El primero es director de orquesta y el segundo, virtuoso violinista. Ambos visitan por primera vez México y se encuentran en Mérida para presentarse con la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY).
La manera en que hablan de su profesión, de la música, de cómo buscan transmitirla al escucha y tocar el alma refleja su pasión por el arte y la importancia que éste tiene en la partitura de su vida.
Ambos visitan el país por primera vez. Scarano, originario de Italia, es uno de los cuatro directores de orquesta que aspiran a ocupar el cargo de director artístico de la OSY. Es el segundo participante en la “pasarela de directores” programada para esta temporada de conciertos, cuyo objetivo es elegir al nuevo titular artístico.
Cuenta que no supo de la convocatoria hasta que un amigo compositor en Ciudad de México se lo hizo saber. Tras 13 años como director titular de la Orquesta Nacional de Tailandia, cargo que dejó en abril pasado, decidió que aspirar a la dirección de la OSY era una buena oportunidad.
“Nunca había estado en México, pensé que valía la pena. Conseguí información sobre la ciudad, que es hermosa, y dije: ¿por qué no? Vi que es muy similar a Bangkok: hace calor en Bangkok y hace calor en Mérida”, comenta el italiano.
Sobre su trabajo en la dirección, señala que lo más importante son los músicos, pues el objetivo es el sonido: “La música es el arte del sonido. Cuando hago un ensayo o un concierto, lo que consigo es el sonido sinfónico de una orquesta”.
En los conciertos de este fin de semana en el Palacio de la Música, Scarano dirigirá en la primera parte el Concierto para violín de Max Bruch, obra en la que participará como solista Ivan Zenaty. “Conozco a Ivan desde hace muchos años, y para mí representa un amuleto de buena suerte, porque cada vez que fui director titular en una gira de orquesta, en Tailandia o en la República Checa, siempre toqué con él”.
Scarano reconoce que la obra de Bruch es difícil: “La orquesta debe crear las condiciones para que se toque con calma, sin estrés. Con la entonación creamos el sonido adecuado para el solista; esto puede parecer simple, pero todas las cosas simples son muy difíciles”.
La segunda parte del programa contempla la Sinfonía número 4 de Bruckner. “Todas las sinfonías del compositor son profundas y espirituales, porque él mismo lo era. Vivió siempre en la iglesia, no tuvo mujer ni hijos, y dedicó su vida a la música y a Dios”, explica.
Aunque la obra es la más breve de sus sinfonías, con 70 minutos de duración, implica una gran dificultad para la orquesta y el público, pues requiere de una escucha atenta y profunda.
“El beneficio al final es muy especial. A diferencia de una pintura o escultura, cuya emoción es inmediata, en la música no es así: tiene una emoción, pero no sabes cuál. Como dijo el compositor húngaro Zoltán Kodály: ‘Cuando escuchas una pieza musical, esa música seguramente ha tocado una parte de tu alma, pero no sabes cuál’”.
Para Scarano, la música transforma: “Después, aunque no lo sepas, tu ADN ha cambiado y eres una persona diferente. Escuchar te está cambiando por dentro y eres mucho más inteligente, más abierto, más encantador, gracias a la música”.
También destaca que el órgano más importante es el oído: “Por éste el cerebro recibe las señales. Si eres bueno con esto, eres mejor persona, más inteligente, más amable y sin estrés”.
El director italiano inició su trayectoria musical a los seis años en una banda del sur de Italia tocando trompeta. A los 14 ya era subdirector y director, y esa edad dirigió “La Traviata” de Verdi “sin saber dirigir, pero la banda tocaba a la perfección”. Posteriormente cursó estudios de composición, dirección, piano y violín en el conservatorio. Fue profesor durante 27 años en el Conservatorio Estatal y director titular en Tailandia, Suiza y República Checa, además de dirigir como invitado en Israel, Suecia, Yugoslavia, Italia, Grecia y otros países.
Parte de su corazón
Por su parte, Ivan Zenaty recuerda que tenía 14 años cuando comenzó a estudiar los conciertos de violín y conoció la obra de Bruch. “Han pasado muchísimos años, así que ahora siento que es parte de mi corazón”, expresa en la entrevista.
Para el violinista checo, considerado el mejor de su país en la actualidad, es esencial mantener un contacto estrecho con el director: “Es como mi mejor colega. Nadie puede decir que yo lo sigo o él me sigue. Vamos todos juntos”.
Zenaty asegura que quedó gratamente sorprendido tras su primer ensayo con la OSY. “Me sorprendió cómo estas personas de diferentes nacionalidades están tocando música alemana”.
El músico subraya que interpretar una obra requiere soporte técnico perfecto. “Es imposible abrir tu corazón sin esto, porque estás en el escenario y tienes que abrir tu intimidad al público. Al mismo tiempo, debes tratar de ser natural y estar contento. Sin esta apertura la música no funciona”.
Comparte que siempre dice a sus alumnos que la perfección no existe, pero toda su vida deben intentar alcanzarla: “Sabemos que no podemos ser 100% perfectos, pero muchas veces simplemente somos felices con la orquesta”.
Su entrega fue percibida por los integrantes de la OSY, quienes después del ensayo le expresaron su satisfacción por tocar con él. “Me hicieron sentir en casa en un país completamente extraño”, recuerda.
Zenaty aclara que no repite de manera mecánica las obras, aunque lleve 50 años tocando el concierto de Bruch. “Todos los días la gente espera una interpretación perfecta, pero siempre hay nuevos riesgos y nuevas formas de trabajar pequeños detalles”.
Obsesión, necesaria
Para él, permanecer en la cima requiere obsesión: “No basta amar la música. Cada año vienen jóvenes a estudiar conmigo, y siempre les pregunto: ¿estás seguro que quieres ir al infierno? Tienes que levantarte temprano, hacer muchísimos ejercicios y trabajar todos los días. Solo después de mucho tiempo podrás tocar en lugares como el Carnegie Hall, pero incluso ahí al día siguiente tienes que practicar otra vez desde cero”.
Su disciplina lo llevó incluso a rechazar una invitación de paseo de un músico de la OSY para el sábado, su día “libre”. Aunque los conciertos son el viernes y el domingo, decidió dedicar esa jornada a practicar para la segunda presentación.
“Talento y trayectoria no son suficientes. Hay que practicar todos los días en busca de esa perfección que el público merece”, concluye.— IRIS CEBALLOS ALVARADO
“Aunque no lo sepas, tu ADN ha cambiado y eres una persona diferente. Escuchar te está cambiando por dentro y eres mucho más inteligente, más abierto, más encantador, gracias a la música”
