• Sobre estas líneas, el director huésped Alfonso Scarano y el violinista Ivan Zenaty agradecen los aplausos del público. A la izquierda, la Sinfónica en el concierto de Bruckner. Debajo, el solista invitado
  • El violinista invitado Ivan Zenaty demostrando virtuosismo músical

Anteanoche, la Orquesta Sinfónica de Yucatán vivió un nuevo momento histórico en la Sala de Conciertos del Palacio de la Música: el debut del director italiano Alfonso Scarano y del violinista checo Ivan Zenaty, lo que se transformó en un concierto estremecedor, en el cual la complicidad entre batuta, solista y orquesta dejó una grata sensación en el público yucateco.

Con un programa ambicioso y emocionalmente poderoso, la OSY ofreció una interpretación destacada del Concierto para violín en Sol menor de Max Bruch, seguido de una solemne ejecución de la Sinfonía número 4 “Romántica” de Anton Bruckner, lo que dejó al descubierto la afirmación musical de sensibilidad, técnica y conexión artística entre la orquesta e invitados.

Desde las primeras notas del concierto de Bruch el prodigioso Ivan Zenaty atrapó a los asistentes a la sala con su instrumento cálido y apasionado. El violinista checo supo extraer cada matiz de la partitura, logrando convertir el momento en una plegaria íntima.

Su arco cantó con lirismo en el Adagio central, y encontró respuesta precisa y cómplice en la dirección de Scarano, cuya batuta parecía respirar al ritmo del solista. Lo que Zenaty anticipó en declaraciones al Diario se materializó con creces; Scarano lo acompañó como si ambos compartieran una misma alma, un mismo pulso. Su entendimiento fue notable y el público lo gozó.

Tras el esperado Allegro final, la sala estalló en una ovación prolongada que reconocía tanto la maestría del violinista como la sutileza del acompañamiento orquestal. Fue tal la euforia de los presentes que el violinista volvió para ofrecer un encore de su presentación, ni más ni menos que Partita número 3 de Johann Sebastian Bach, lo que dejó a los espectadores más que satisfechos.

Luego del intermedio, la Sinfonía número 4 de Bruckner se alzó como el núcleo espiritual del concierto.

El director, con un gesto preciso y expresivo, además de su elocuente batuta, guió a la OSY por los vastos paisajes sonoros del compositor austríaco. Desde el misterio contenido en el primer movimiento, pasando por la contemplativa melancolía del Andante, hasta llegar al esplendor casi místico del final, la orquesta respondió con entrega y concentración.

Fue un viaje de matices que exploraron desde el susurro hasta el clímax musical en más de una frenética hora en la cual solo se silenciaba brevísimamente al cambio de movimiento.

Deleite auditivo

El reto técnico y emocional que representa esta obra no fue menor, pero la OSY lo asumió con madurez y compromiso. Alfonso Scarano extrajo de cada sección de la orquesta una sonoridad poderosa y profunda. Los metales brillaron, las cuerdas ofrecieron calidez protectora y las maderas dialogaron con elegancia, elevando cada movimiento a una experiencia trascendental.

En los últimos minutos de la sinfonía, cuando la música se eleva hacia una coda de sublimes dimensiones, el público parecía contener la respiración. Los músicos se entregaron. Y cuando se hizo el silencio final cayó como una bendición, fue seguido por un aplauso emocionado, casi reverente. El director fue sorprendido igualmente que su amuleto de la suerte, como alegremente llamó a Zenaty, tras su participación con un ramo de flores, que ambos obsequiaron a compañeras de la orquesta.

Se volvieron uno solo

El debut de Alfonso Scarano en México no pudo haber sido más significativo. Su afinidad con la OSY fue evidente, y su dirección reveló una técnica impecable, esa visión artística que busca la profundidad antes que la espectacularidad. El concierto fue también una muestra de su propuesta como candidato a director titular: la Sinfónica de Yucatán tiene ante sí a un músico de sensibilidad y carácter excepcionales.

Este programa se repetirá hoy al mediodía, también en el Palacio de la Música, y brindará una nueva oportunidad al público yucateco de ser parte de este encuentro único entre culturas, talentos y visiones musicales. Mientras tanto, esa noche quedó para la historia, en que la OSY, bajo unas manos recién conocidas y junto a un viejo amigo del maestro Scarano, mostró una vez más por qué es uno de los orgullos culturales de Yucatán.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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