“Las enseñanzas de Cristo podrían ser como un barco lleno de medicamentos y al que poca gente quiere subir para curarse”
“Las enseñanzas de Cristo podrían ser como un barco lleno de medicamentos y al que poca gente quiere subir para curarse”

El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad —Albert Einstein

El ser humano con toda la grandeza que le da su humanidad, con su deseo de hacer el bien, abierto al amor y al entendimiento puede llegar a matar a un hijo, a sí mismo, ejecutar aberraciones sexuales y ser cruel.

El misterio del mal es inherente a nosotros mismos y nos hace llegar a acciones criminales.

El mal es un misterio. Las criaturas somos lo mejor que tiene el planeta Tierra y las fuerzas del mal, tal vez, podríamos compararlas a ser un buen coche en el que se va al volante dirigiéndolo con fuerza y perseverancia para acabar chocando a la menor distracción.

Y el misterio es que nosotros solos no podemos dominar el mal que nos arrastra. Podemos tratar a fuerza de voluntad y perseverancia pero al poco tiempo volvemos a caer en lo que tratamos, a toda costa, de evitar.

Y el gran secreto es acercarse a Dios. Entenderlo, aprender las enseñanzas de su hijo, y pedirle que nos dé la gracia para lograr desterrar nuestras faltas y lograr abrir el corazón hacia los demás de manera generosa y sincera.

Las enseñanzas de Cristo —de manera metafórica— podrían ser como un barco lleno de medicamentos y al que poca gente quiere subir para curarse, tal vez por desidia, incredulidad o porque nadie se ha tomado el trabajo de mostrarle ese buque.

Cuando se encuentra a Dios es como salir al mar y abrir los brazos y es cuando se descubre el verdadero sentido de vida. Y un corazón depositado en Dios es un corazón que en su enorme facultad de amar descansa en brazos del Padre. La decisión de seguir a Cristo nos hace llegar a una liberación interior, encontrando en ella esa capacidad de entrega y desprendimiento que nos llena de alegría.

La única medicina y el secreto para contrarrestar la inclinación hacia el mal es vivir para Dios y entender que Cristo con sus enseñanzas nos da la gracia para lograrlo.

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