Ahí está el detalle! Que no es ni lo uno ni lo otro, sino todo lo contrario —“Cantinflas”
En 1992 la Real Academia Española (RAE) incluyó en su diccionario la palabra: el “cantinfleo”; todos, en nuestro país, sabemos que esa manera disparatada o incongruente de hablar o de actuar es —podría decirse— única en la manera de expresarse: hablar y hablar sin decir nada sustancial, pero todo ello de manera jovial.
Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes, conocido como Mario Moreno, con el apodo de “Cantinflas”, que fue actor, productor, guionista y comediante del cine mexicano, nació el 12 de agosto de 1911 en Santa María de la Redonda y murió el 20 de abril de 1993 en Ciudad de México víctima de un cáncer de pulmón.
“Cantinflas” vivió y falleció lleno de amargura debido a torbellinos familiares.
Él mismo fue en su época un ícono del buen humor y también, podría decirse, un maestro en ridiculizar las malas costumbres de su época; como todos sabemos, sus películas, aún en boga, son costumbristas, sanas, con ingenio y agudeza y donde no se escuchan malas palabras. Mario Moreno estuvo casado con Valentina Ivanova, que fue el gran amor de su vida. Ella era actriz y bailarina rusa que trabajaba en un teatro ambulante en Ciudad de México.
Contrajeron matrimonio en 1936, y estuvieron juntos hasta que ella falleció en 1966, causándole al mimo mexicano un dolor que perduró hasta su muerte. El actor mexicano al morir dejó un cuantioso legado entre lo que se encontraba una fortuna estimada entre 68 y 70 millones de dólares, entre mansiones, terrenos, alhajas y obras de arte. Nada más ni nada menos. El heredero de todo ello fue Mario Arturo Moreno Ivanova que murió en 2017 de un paro cardiorespiratorio.
Lo que le había dejado su padre —que ya no era tan copioso como en su momento— lo heredó Sandra Bernal, su esposa, de quien estaba separado y en proceso de divorcio. Mario Arturo fue adoptado cuando la esposa de “Cantinflas” y él mismo se dieron cuenta de que no podrían tener hijos.
El actor fue el sexto de los 14 hijos de un cartero y una ama de casa y tuvo que ganarse la vida desde muy pequeño, ejerciendo diversas profesiones.
En una de ellas, la actuación fue donde encontró su futuro. Después aparecieron sus películas que se consideran clásicas, como “Ahí está el detalle”, película que definió su estilo; “El padrecito”, “El bolero de Raquel”, y no podemos olvidar “Su excelencia” o “El profe”. Todas esas películas son geniales en el humor y el carisma de “Cantinflas” que, al final de su vida, había filmado 40, todas ellas con magnetismo y enseñanzas, como podría ser la importancia de respetar la ley. Charles Chaplin, en su momento, lo calificó como el mejor mimo del mundo.
Mario, el actor era un hombre tímido, sensible, y culto al que la muerte de la que fue su esposa le presentó misantropía. Su vida privada era muy reservada y seria. Tenía pocos amigos. La amistad con Agustín Lara duró hasta la muerte del compositor en 1970.
Cantinflas era masón y fue elevado al grado de maestro, dejando así el catolicismo en que fue educado y se mantuvo en esa línea hasta el final.
Con el tiempo y la fama mundial y los cuantiosos beneficios que eso generaba lo hizo ser desconfiado, pues muchos se acercaron a él por interés: un caso representativo de ello fue cuando una mujer llamada Joyce Jets presentó una demanda en 1989, asegurando que ella había sido durante años su esposa y le exigía el divorcio por malos tratos, reclamando 26 millones de dólares en propiedades y obras de arte. En realidad esa mujer había sido la señora de la limpieza en una residencia de “Cantinflas” en Houston.
Esto fue algo muy duro para el actor, pues logró manchar su imagen.
Y más allá su hijo adoptivo no era persona fácil y se decía que tenía problemas de drogas. Se demostró cuando murió “Cantinflas” y se desató una guerra sin cuartel entre él y su primo Eduardo Moreno, quien en principio había obtenido los derechos de las películas de su tío.
Conflictos y problemas posteriores, como cuando el nieto de “Cantinflas” se suicida en un hotel de Ciudad de México a los 22 años. El joven había denunciado a su padre ante la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, acusándolo de corrupción de menores, abusos psicológicos y maltratos físicos, lo que hizo que la mala fama del mimo aumentara.
Pero la historia no acaba allá, desde el mismo día que Ivanova murió, los cuatro nietos de “Cantinflas” reclamaron sus derechos, impugnando el testamento que dejó su padre. ¿Qué diría el creador de esa fortuna, cuya máxima —a través de sus películas y hablando mucho y diciendo más— era que “la primera obligación de todo ser humano es ser feliz, la segunda hacer felices a los demás”?
