El jazz se prepara para tomar espacios emblemáticos de la ciudad en la primera edición del Festival de Jazz Mérida, que se celebrará de hoy al próximo sábado. No se trata de una simple cartelera de conciertos, sino de una propuesta cultural integral que invita a escuchar, dialogar y vivir la música desde distintos ángulos.
El festival se desplegará en diferentes sedes, entre ellas Santa Lucía, el Corredor Turístico Gastronómico, el Museo de la Luz y el Centro Cultural Olimpo. La ciudad se vestirá de jazz no solo con recitales, sino también con desfiles, clases magistrales y encuentros. Más del 60% de la programación está integrada por músicos locales, lo que hace al encuentro un escaparate de talentos de Yucatán junto a figuras nacionales e internacionales.
Además, cada noche habrá jazz vocal, con la participación de artistas como Elizabeth Meza y Magos Herrera, reconocida por su trayectoria internacional.
Uno de los acentos más importantes de la edición será el conversatorio que se realizará mañana jueves, a las 10 de la mañana, en el Cephcis de la UNAM. Con el título “Jazz, derechos humanos y sociedad”, reunirá a voces que provienen de la música, investigación académica y gestión cultural.
Entre los participantes se encuentran Edgar Cruz, guitarrista; Emmanuel Mora Toraya, músico y maestro con amplia trayectoria; Rodrigo Llanes Salazar, investigador del Cephcis, y Mario Esquivel Ríos, pianista y empresario vinculado al jazz.
Este encuentro propone dialogar sobre cómo el jazz, históricamente ligado a los movimientos sociales y a la lucha por los derechos civiles, sigue siendo un vehículo de libertad y diversidad en el presente.
Rodrigo Llanes subraya que esta relación no es anecdótica, sino constitutiva: “El jazz siempre ha sido un espacio de cuestionamiento. Desde sus raíces en comunidades marginadas hasta su expansión mundial, ha acompañado luchas sociales, visibilizado desigualdades y abierto debates sobre género, inclusión y libertad artística. No es casual que este conversatorio se realice el 2 de octubre, una fecha que nos recuerda la importancia de hablar de derechos humanos en México”.
Emmanuel Mora destaca que el jazz es, ante todo, una experiencia de descubrimiento: “El público a veces piensa que es necesario entender algo para disfrutarlo, cuando en realidad basta con sentirlo. El jazz es música que ocurre en el momento, que se construye con valentía y permite decir lo más profundo de uno mismo. Para quienes vengan al festival, la invitación es a abrir la mente, el corazón y dejarse llevar”.
Mario Esquivel, quien ha transitado del rocanrol al jazz en una carrera marcada por la improvisación, considera que este festival marca un nuevo capítulo para la ciudad. “El jazz es democracia en la música: cada instrumento dialoga, responde y propone. Ver que Mérida vuelve a estar en el mapa nacional con un festival propio es fabuloso, porque demuestra que hay músicos preparados, público interesado y una sociedad que apuesta por la cultura”.
“A los jóvenes les diría que estudien, se preparen y vivan el jazz como una pasión de vida, aunque aún sea difícil depender económicamente de él en México”.
Ricardo Martínez, impulsor y curador del festival, explica que el encuentro nació de un proceso colectivo, alimentado por conversaciones, cafés y experiencias compartidas entre músicos y gestores culturales. “Este festival no es una idea individual; es la suma de voluntades de quienes han visto crecer a Mérida como una ciudad cultural”.
“En los últimos 10 o 15 años, muchos músicos se formaron en lugares como Veracruz o Ciudad de México y regresaron con una madurez artística que ahora podemos disfrutar. Mérida tiene el público, los artistas y los espacios necesarios. Eso genera una derrama cultural, social y económica que beneficiará a todos”.
La propuesta no se limita a lo estrictamente musical. Coincidiendo con el Restaurant Week 2025, el festival busca convertirse también en un escaparate gastronómico, con la participación de restaurantes que ofrecerán menús especiales a precios accesibles. La idea es que visitantes y locales disfruten de la música en las plazas y, al mismo tiempo, vivan la riqueza culinaria de la ciudad en sus mejores mesas.
Para los organizadores, esta coincidencia estratégica en el calendario fortalecerá el atractivo turístico y cultural de Mérida durante esos días.
“Queremos que la gente sienta que el jazz se vive en todos lados: en los conciertos, en los desayunos, en las cafeterías, en los diálogos. Es un festival que se inserta en la vida cotidiana de la ciudad, en su gastronomía, en su movimiento social. Y es precisamente esa integración la que le da sentido”, asegura Ricardo Martínez.
El espíritu del festival se resume en las palabras de Emmanuel Mora: “Yo iba a ser científico, pero cuando conocí el jazz supe que era mi camino. Es un género que tiene la capacidad de transformar vidas”. Esa capacidad transformadora, ahora en manos de músicos, académicos y público, será el motor que marque el inicio de lo que busca convertirse en una tradición anual para la capital yucateca.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
Jazz Datos
Declaraciones de Ricardo Martínez, impulsor y curador del Festival de Jazz Mérida:
Crecimiento
“Este festival no es una idea individual; es la suma de voluntades de quienes han visto crecer a Mérida como una ciudad cultural”.
Derrama cultural y social
“Mérida tiene el público, los artistas y los espacios necesarios. Eso genera una derrama cultural, social y económica que beneficiará a todos”.
