La Iglesia celebra hoy a San Francisco de Asís, uno de los santos que ha tocado miles de corazones a lo largo de la Historia y que ha visto, a través de la creación, el amor a Dios y a sus hermanos.
En diferentes partes del mundo, hay miles de iglesias dedicadas al “patrono de los animales”.
En Hunucmá, el santo patrono de la iglesia es Asís; desde hace cuatro años está al frente de la parroquia el padre Cristian Francisco Uicab Tzab, quien lleva al cabo una labor social, humanitaria y, principalmente, de fe.
Un amigo de los “lomitos”, como San Francisco de Asís
Algo que ha distinguido al padre Cristian es su preocupación y amor hacia los animales, especialmente por los perritos, seres que para el presbítero son el reflejo de la grandeza y el amor de Dios.
En el marco de las festividades a San Francisco, visitamos al padre Cristian en su parroquia. Tuvimos una bienvenida canina: Oso y Tobi son dos perritos familiarizados con la gente; de inmediato empiezan a mover la cola y son buenos modelos para las fotos.
Después de la bienvenida canina, comenzamos la plática con el padre, quien recuerda que durante ocho años tuvo como compañero a Peque, un perrito que siempre fue muy cariñoso.
Cuando alguien adopta o adquiere una mascota es una responsabilidad, asegura, porque implica cuidarla, alimentarla, bañarla, pero eso sensibiliza al ser humano y fomenta la convivencia, al grado de que se vuelve parte de la familia.
Eso fue Peque para el sacerdote, un fiel amigo. Fue a partir de la convivencia con el canino que el padre Cristian reafirma esa sensibilización hacia los animales.
La historia de Peque
El padre recuerda cómo Peque llegó a su vida. Fue un regalo del padre José Antonio López Rivera-Cuessy, quien falleció en septiembre de 2020.
Fue el padre José Antonio quien rescató al cachorro en un basurero y lo encomendó al padre Cristian; era un perrito maltratado y abandonado. Durante la rehabilitación de Peque el padre José Antonio falleció y el lomito quedó bajo el cuidado del padre Cristian.
El padre López Rivera-Cuessy, recuerda el padre Cristian, fue muy cuidadoso y cercano a los animales.
Desde niño, el padre Cristian ha tenido respeto y ha estado cercano a los animalitos. Recuerda que en sus tiempos de seminarista había un perrito que siempre lo esperaba cuando regresaba a su casa.
Hay una anécdota que comparte el sacerdote que mueve los sentimientos y nos hace entender cuán importante es el respeto hacia los animales: Peque convivió con el padre Cristian por siete años.
Lo acompañó desde que estuvo en la parroquia de María Inmaculada, en el fraccionamiento Campestre de Mérida.
“Lo rescatamos de un basurero, compartió conmigo cambio de parroquia, tristezas y alegrías, fue compañero en mis soledades”.
San Francisco, guardián de Peque y millones de animales
Hace dos años, el padre Cristian Uicab gestionó la construcción de un Memorial de Paz dedicado a San Francisco de Asís, del cual abordamos un poco más adelante en esta entrevista.
El padre cuenta que era uno de los sitios preferidos de Peque: estar junto a San Francisco; en sus últimos días y con dificultades para moverse debido a un desgaste de cadera, el canino fue a despedirse de su amigo: “Fueron sus últimos pasos”.
El sacerdote lo acompañó hasta el monumento, luego Peque regresó a su lugar, se echó y no se volvió a levantar. Fue la última vez que caminó.
“Fueron siete años de un vínculo fuerte y leal”, asegura el padre. Además del problema de la cadera, Peque se enfrentó a un tipo de cáncer y, por más que intentaron curarlo, ya no había nada más qué hacer.
Fue una despedida que ha quedado marcada en el corazón del sacerdote y está documentada en un vídeo que compartió en sus redes sociales.
Junto con Oso, Tobi y Solovino, han sido la alegría de la iglesia.
Devoción a San Francisco de Asís en Hunucmá, Yucatán
El padre Cristian tiene una especial devoción a San Francisco de Asís; de hecho, también lleva su nombre y asegura que el santo fue un hombre que se adelantó mucho a su tiempo.
“Era muy humano, tenía un gran respeto a la naturaleza, a las criaturas, y la enseñanza que nos ha dejado es muy actual, nos habla del cuidado de nuestro planeta, de la casa común, como bien decía el papa Francisco”.
El padre Cristian considera que falta más cultura de cuidado hacia los animales y políticas públicas para evitar el maltrato.
Desde su llegada a Hunucmá, el sacerdote mostró gran preocupación por los animalitos que deambulaban en las calles; fue así que nació el albergue que tiene a su cargo, donde se da atención y todos los cuidados a los perritos.
Los más necesitados son los que ya están en edad avanzada, que no cualquiera adopta. El padre no trabaja solo; se apoya en un gran equipo de colaboradores que sienten que, a través del cuidado a las mascotas, están colaborando con el plan de Dios.
Cada cierto tiempo se realizan campañas de esterilización y desparasitación en el atrio de la parroquia, y aunque agradece la ayuda que ya brindan las autoridades, asegura que hace falta hacer más, sobre todo campañas contra el maltrato animal.
Un símbolo de ese amor y protección a los animalitos es el materializado por el monumento a San Francisco de Asís, al que el padre prefiere llamarle Memorial de la Paz, una obra que contó con la autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y que cumplió con todos los requisitos solicitados.
El sacerdote explica que lo llama Memorial de la Paz porque representa una acción, algo presente, y un monumento es algo que ya pasó, algo histórico.
La idea es contar con algo que represente la espiritualidad de San Francisco de Asís, que no solo se viva dentro de los templos, sino que sea parte de la cotidianidad, el trabajo, la escuela, en donde la gente se desenvuelva; que una la cultura de la paz con el cuidado de los animales.
Santo patrono de los animales, inspira programa de adopciones en Hunucmá
El padre Cristian explica que el programa de adopción de mascotas ha tenido una buena respuesta y ha sensibilizado a la población, pues la gente se ha interesado en apoyar con alimentos, vacunas, entre otros servicios.
Lamentablemente, insiste, los lomitos de avanzada edad no tienen la misma oportunidad de ser adoptados como los cachorros.
Es por eso que ha creado el refugio “San Francisco”, un lugar que actualmente alberga a 10 perritos de avanzada edad. Aunque no es mucho, el poco tiempo libre que le queda al padre Cristian lo dedica a cuidar a estos perritos con ayuda de su hermana Maribel.
Oso y Tobi son magníficos anfitriones, nada agresivos, que conviven con los niños y jóvenes que asisten a la iglesia.
El padre recuerda que el domingo anterior a la visita del Diario, al celebrar la misa de ocho de la noche, los dos perritos permanecieron junto a él en el altar.
Aunque el sacerdote seguía con toda seriedad y solemnidad el oficio, hubo momentos en que la ternura de los animalitos lo hacía perder un poco la concentración.
Cualquier persona que esté interesada en apoyar el albergue de perritos puede acudir a las oficinas de la parroquia, donde se proporciona información.
“Toda ayuda es bien recibida, desde proporcionar alimento o si algún veterinario quiere unirse a esta noble causa”.
El padre explica que hay ciertos perfiles para recibir a los animalitos. Entre los más recientes en llegar está Bartola, una dóberman con dificultades para caminar, pero que se ha adaptado bien.
Cuando un lomito llega, el padre Cristian y su equipo se encargan de administrarle vacunas y los cuidados que necesite. No todos los casos se dan por abandono; hay personas que por alguna enfermedad o avanzada edad propia ya no los pueden atender.
En cuanto a la adopción, el compromiso es el principal requisito: estar consciente de los cuidados que requiere una mascota. En la mayoría de los casos, se entrega su tarjeta de vacunación y todo lo que ha recibido en cuanto a cuidados veterinarios.
El sacerdote agradece la respuesta de la gente que ha adoptado un perrito. La mayoría le ha dicho que han sido muy felices desde la llegada de su mascota.
Llamado a combatir el maltrato animal en Yucatán
Hoy en día pareciera que el maltrato animal va en aumento, algo que el padre considera muy lamentable, porque son seres indefensos que no dañan a nadie y sí dan cariño y compañía.
El padre Cristian hace un llamado a la sociedad, porque es en el seno familiar donde debe nacer el respeto a todo ser vivo.
“Que primero inculquen esa cercanía a estos animalitos y no los vean como una amenaza. En el interior del Estado la mayoría de las familias tiene un perrito, pero hace falta cultura del compromiso”.
El padre insiste en que los niños aprenden de la gente adulta y, si en un hogar hay maltrato animal, lo más seguro es que crezcan siguiendo ese ejemplo y se cultive una especie de fobia.
La mascota más cercana al padre Cristian es Bruno, un labrador que desde hace ocho años lo acompaña y lo reanima al terminar un día de mucha labor pastoral.
“Con solo verlo emocionado y moviendo la cola es suficiente para sentirte vivo”.
Para el padre Cristian no hay distinción de razas: todos los perritos son bien recibidos.
“Un hermano más”
El trabajo pastoral del padre Cristian en Hunucmá comenzó hace cuatro años.
Desde su llegada ha transformado a la comunidad en varios aspectos y, aunque nació en esta misma tierra —es el séptimo de ocho hermanos—, no adopta la actitud de “ser profeta en su tierra”.
Por el contrario, cuando le asignaron la parroquia y cruzó la puerta del templo pensó: “No vengo como profeta, solo como un hermano más para acompañarles en comunidad”.
“Creo que la convivencia se ha dado bastante bien, al igual que el trabajo entre los diferentes grupos de apostolado”.
El padre destaca que se han realizado grandes obras en beneficio de la comunidad, lo cual ha sido fruto del trabajo conjunto.
Hoy, 4 de octubre, en la fiesta de San Francisco de Asís se cumple un año de la instalación de un dispensario médico, que ofrece hasta 60 consultas mensuales y proporciona medicamentos, principalmente a los más necesitados.
El dispensario también cuenta con el apoyo de psicólogos (bajo cita previa). Los adultos mayores forman una parte importante dentro de la comunidad y para ellos se ha creado el programa “Manos creativas”, cuyo fin es que se sientan útiles y acompañados.
En este espacio se enseñan actividades como el urdido de hamacas, tejido y muchas otras labores manuales.
El padre considera que esta labor social es fundamental en las iglesias: tener esa cercanía con quienes más lo necesitan, como lo enseñan los Evangelios.
Más ayudas en nombre de Dios y san Francisco de Asís
La iglesia de San Francisco de Asís también ha fundado un comedor parroquial en la comisaría de Juan Pablo, donde cada sábado asiste una gran cantidad de personas.
Toda esta labor está integrada en un centro comunitario que cuenta con médicos y enfermeras que colaboran de manera voluntaria.
El padre se apoya en un equipo de pastoral social de caridad que está pendiente de los casos que surgen en las distintas comunidades.
Y, al igual que con el apoyo a los perritos, quienes deseen colaborar con esta causa pueden hacerlo donando medicamentos o sus servicios y acudiendo directamente a las oficinas de la parroquia.
“Lo que nos falta a veces son manos para colaborar...”, comenta.
Esta misión que ha emprendido el padre Cristian cobra sentido desde los Evangelios, desde el amor a Jesucristo y a su comunidad.
Hace 28 años, el padre Cristian le dio un “sí” a Dios, una respuesta que comenzó a gestarse precisamente en la comunidad que hoy apoya tanto espiritual como socialmente.
Su deseo de ayudar al prójimo nace al ver la labor del padre Álvaro Carrillo Lugo, a quien recuerda con respeto, un sacerdote estimado en Hunucmá.
Hay mucha labor por delante y proyectos muy importantes por realizar, entre ellos “un campus” para jóvenes y concluir otros ya emprendidos, incluso fuera del municipio.
A pesar de todo este trabajo del padre, la meta principal no cambia: conducir a sus fieles por el camino de la fe, del amor a Dios.
Hoy, Hunucmá está de fiesta, celebra a uno de los santos que vivió entre la humildad y respeto por la creación, y ya se prepara para conmemorar (en 2026) el tránsito de Asís al cielo.— Santiago Cortés Pérez
Cuando alguien adopta o adquiere una mascota es una responsabilidad, porque implica cuidarla, alimentarla, bañarla, pero eso sensibiliza al ser humano












