Fue la Biblioteca Central “Manuel Cepeda Peraza” el sitio elegido por la Sedeculta para ser punto de encuentro entre la palabra escrita y la música. Ahí, desde el pasado miércoles 1 se lleva al cabo el taller “Canto en libertad. La canción como herramienta para el fomento a la lectura”, impartido por Mirza Luceli Herrera Salazar, educadora artística, maestra de español y mediadora literaria con 22 años de experiencia en el Programa Nacional de Salas de Lectura.
El curso, que concluirá el próximo lunes 20, consta de cinco sesiones de cuatro horas cada una y está dirigido a otros mediadores y simpatizantes de lectura.
Su objetivo es brindar herramientas para que, a través de la música y la literatura, los participantes detonen diálogos reflexivos, horizontales y creativos sobre temas como libertad, identidad, pobreza y esperanza.
“Buscamos que la canción y la lectura hagan un maridaje perfecto, que sirvan no solo para reflexionar, sino también para generar actividades lúdicas, recreativas y de escritura creativa”, explica la maestra Herrera, quien ha dedicado su vida a demostrar que música y letras pueden juntas ser una gran forma de expresarse.
En la cuarta sesión, realizada anteayer, los participantes exploraron justamente ese “maridaje literario-musical” al diseñar sus propias sesiones de trabajo. Eligieron textos y canciones breves, potentes y abiertas a múltiples interpretaciones, buscando conectar con el contexto emocional y social de los grupos con los que trabajan. El propósito fue encontrar materiales que permitieran hablar de temas universales, como el cambio, el dolor, la esperanza y la comunidad.
Después de poner en práctica sus diseños mediante una simulación de sesión, compartieron una retroalimentación grupal y cerraron con una reflexión sobre el impacto emocional y comunitario de la experiencia.
En esta jornada, la canción “Latinoamérica” de Calle 13 fue la pieza central. Su letra sirvió para analizar cómo la música puede abrir conversaciones profundas y vincularse con los textos literarios desde una mirada sensible y colectiva.
Una de las particularidades del taller es que no se requiere tener conocimientos musicales para asistir. La maestra invita a usar música grabada, instrumentos sencillos o incluso el propio cuerpo como recurso sonoro. Lo importante, explica, es identificar las emociones, las palabras y los temas que emergen de las canciones y conectarlos con la literatura.
En la primera sesión, por ejemplo, se pidió a los asistentes compartir una canción que “dijera algo de ellos mismos”, un ejercicio que permitió descubrir afinidades y ejes temáticos que hoy orientan las dinámicas del grupo. En la segunda crearon a partir de la música poemas y cuentos cortos que escribieron a mano y algunos hasta fueron ilustrados. En la tercera conformaron un mural con palabras y frases que surgieron de la conexión con las emociones musicales.
La experiencia de la maestra Mirza muestra el poder de la música para despertar memorias y sensaciones. En su sala de lectura de la Casa del Adulto Mayor en Kanasín ha visto cómo personas con deterioro cognitivo vuelven a cantar melodías que creían olvidadas, trayendo de vuelta recuerdos y fragmentos de su historia. “La música no solo brinda esparcimiento. Nos permite encontrarnos con nosotros mismos y con los otros”, afirma con convicción.
Su formación como maestra de educación artística y de español le ha permitido construir una metodología propia en que el arte y la lectura se entrelazan para tocar las emociones en todas las etapas de la vida. “He comprobado que este maridaje funciona perfectamente desde los bebés hasta los adultos mayores. La música y la literatura son para todos”, dice convencida.
Así, el taller “Canto en libertad” ofreció nuevas herramientas para quienes promueven la lectura, y también una forma distinta de mirar el arte y la palabra, con los oídos atentos, la voz libre y el corazón dispuesto a escuchar.— DARINKA RUIZ MORIMOTO
