Sobre estas líneas, el presbítero Alejandro Aguayo Escalante durante su homilía; a la izquierda, los fieles que asistieron a la misa
Sobre estas líneas, el presbítero Alejandro Aguayo Escalante durante su homilía; a la izquierda, los fieles que asistieron a la misa
  • Sobre estas líneas, el presbítero Alejandro Aguayo Escalante durante su homilía; a la izquierda, los fieles que asistieron a la misa
  • La imagen de Nuestra Señora de Fátima es llevada en procesión entre cantos y música como muestra de devoción y gratitud en el templo de la colonia García Ginerés, anoche

En un ambiente de devoción, decenas de fieles se congregaron anoche en la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, en la colonia García Ginerés, para participar en la misa conmemorativa de la última aparición de la Virgen María bajo esta advocación. La celebración fue presidida por el presbítero Alejandro Aguayo Escalante, rector de Nuestra Señora de las Mercedes.

Durante la homilía, el sacerdote destacó que la Virgen María “siempre ha buscado al ser humano para pedirle conversión” y recordó que las apariciones marianas se han manifestado a lo largo de distintos momentos de la historia de la humanidad.

En particular, mencionó las seis apariciones de Fátima, ocurridas en 1917 en Portugal, entre mayo y octubre, ante los pastorcitos Jacinta, Lucía y Francisco.

El sacerdote subrayó que el mensaje principal de la Virgen continúa siendo actual y necesario: dejar de ofender a Dios y optar por el amor. “Es más fácil decir ‘voy a amar a Dios’ que ‘voy a dejar de ofenderlo’, porque quien ama a Dios no le ofende”, expresó el padre Alejandro.

Asimismo, exhortó a los presentes a practicar la fe en la vida cotidiana mediante el servicio y la humildad. “Frecuentemente juzgamos a los demás y al hacerlo creemos estar bien, pero esa es una tentación continua. Debemos pedirle a la Virgen que nos ayude a convertirnos y a sentirnos amados para poder cambiar”, señaló.

En su reflexión, el sacerdote recordó que las apariciones marianas han acompañado a la humanidad desde tiempos antiguos. Indicó que la primera aparición documentada de la Virgen fue en su advocación del Pilar, ocurrida en el año 40 de nuestra era en Zaragoza, España, cuando María aún vivía y se manifestó al apóstol Santiago el Mayor.

“Las fechas del 12 y 13 de octubre tienen una profunda relación espiritual: una alude al inicio y otra al mensaje final”, dijo.

El padre Aguayo también mencionó otras apariciones importantes, como la de la Virgen de Guadalupe en 1531, y resaltó que María se manifiesta en distintas advocaciones, pero con un mismo propósito: transmitir el amor y la esperanza. “María es una sola, nuestra madre con diferentes expresiones y mensajes, todos ellos de amor”, manifestó.

Pidió a los fieles recordar que la Virgen conoce a cada persona por su nombre y que, del mismo modo, los creyentes deben procurar conocer y reconocer a nuestro prójimo. “Si no nos conocemos por nombre, celebramos entre extraños”, reflexionó.

El sacerdote recordó el “milagro del Sol danzante”, ocurrido al final de la última aparición en Fátima, considerado por la Iglesia como una señal divina. “Agradecemos al Señor esta fiesta en la que recordamos también ese signo del cielo, pidiendo su bendición para vivir en el amor, la sencillez y el servicio”, dijo.

Durante la misa, una réplica de la imagen de Nuestra Señora de Fátima fue colocada a un costado del altar, adornada con flores. Al concluir la ceremonia, la imagen fue llevada en procesión por el templo, acompañada por cantos y música de mariachi como homenaje a la Madre de Dios.— Claudia Sierra Medina

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