La maestra Janeth Villa Cruz aplica una de sus técnicas a infantes
La maestra Janeth Villa Cruz aplica una de sus técnicas a infantes

Entre el bullicio y la algarabía del Centro de Convenciones Siglo XXI, donde se llevó a cabo la exposición “Original”, las risas infantiles se mezclaron con el aroma del aceite de chía y con los tonos terrosos de los pigmentos naturales.

En un rincón del recinto, las manos pequeñas siguieron atentas los movimientos de la maestra Janeth Villa Cruz, artesana nahua originaria de Temalacatzingo, Guerrero, quien los guió por “Maqueritos y colores”.

Este taller, dirigido a niñas y niños de entre 9 y 11 años, no solo acerca a las nuevas generaciones al arte popular, sino que también tiende un puente entre culturas, territorios y memorias.

Con paciencia y calidez, la maestra compartió su técnica, esencialmente con la palma de la mano; primero aplicó aceite de chía, bruñir con tecoxtle y zacate, y finalmente pintó a mano con pigmentos naturales que preparó a partir de flores, hojas y tizne del comal.

“Todo lo que usamos viene de la naturaleza”, explicó. “El negro lo obtenemos del humo del comal, el amarillo de las flores Xochipala, el verde de la hoja de Majahua. Todo lo molemos en metate, como lo hacían nuestros abuelos”.

Durante el taller “Maqueritos y colores”, las niñas y los niños vivieron la experiencia completa de crear una artesanía desde cero, aplicaron aceite de chía con pinceles, luego con una pluma de ave con, mezclaron pigmentos naturales y con sus manos dieron color a sus propias piezas de guaje.

La emoción era evidente en sus rostros al descubrir que los materiales provenían de la naturaleza —flores, hojas, semillas y hasta el humo del comal—, muchos de ellos desconocidos en Yucatán, pero cotidianos en la comunidad nahua de donde proviene la maestra. Cada paso del proceso fue una lección sobre paciencia, respeto y conexión con la tierra.

Entre los padres presentes, Ana Lizama compartió que su hija eligió asistir a este taller al ver los coloridos juguetes pintados que exhibía la artesana.

“Fue una experiencia muy grata, es muy importante conocer el origen de lo que se ve en los stands; uno pensaría que es algo sencillo, pero al vivirlo se comprende el trabajo y la dedicación detrás. Así, los niños aprenden a valorar más los utensilios y las piezas hechas por los artesanos”, compartió.

La maestra Janeth, quien lleva dos décadas dedicada a esta labor, aprendió la técnica tradicional de la laca y el maque gracias a sus suegros, artesanos de oficio, y a sus padres, quienes elaboraban pequeños alebrijes.

Su especialidad son juguetes como ruedas de la fortuna, carruseles, volantines, helicópteros y sube y bajas, piezas que evocan la infancia y color de su pueblo.

“Me apasiona mi trabajo y quiero que todos aprendan”, contó con emoción.

“No quisiera que nuestra artesanía se pierda, porque con ella también se va una parte de nuestra historia”.

Su testimonio, lleno de orgullo y también de nostalgia, revela una realidad que viven muchos pueblos artesanos del país, la migración de los jóvenes que buscan otras oportunidades y la dificultad de mantener viva una tradición ante la falta de mercado.

“Muchos se van a Estados Unidos porque dicen que no hay trabajo, pero yo no me doy por vencida. Siempre digo, voy a echarle ganas, y de esto he vivido”.

Para la maestra, participar por primera vez en la expo “Origina” y conocer Mérida, ha sido un sueño cumplido.

“Me gusta expresar mi trabajo y compartirlo. Cuando estoy con los niños, hasta me dan ganas de llorar porque siento que les entrego algo de mi corazón”, confiesa.

La escena final del taller mostró el espíritu del encuentro; los niños, contentos, mostraban a sus papás, las piezas de guaje pintadas, mientras la maestra los despedía con una sonrisa.

En cada color, en cada jícara, hay un pedazo de Guerrero dejando semillas en Mérida.

Porque mientras haya niñas y niños que aprendan el valor de lo hecho a mano, la memoria de los pueblos seguirá brillando con el mismo fulgor que el colorido maque.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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