Durante la última década, la celebración de Halloween ha adquirido una notable presencia entre la sociedad yucateca.
Las actividades asociadas a ésta, como las rutas para pedir dulces, la venta de artículos con formas de calabazas, fantasmas y telarañas, así como la tendencia de decorar los exteriores de las viviendas con esta temática se han vuelto cada vez más comunes.
Aunque la principal tradición en Yucatán continúa siendo el Hanal Pixán —nombre con el que se conoce localmente la conmemoración del Día de Muertos—, el interés por las festividades de origen anglosajón ha crecido de manera evidente, especialmente por la comercialización de artículos decorativos de Halloween.
Durante un recorrido por diversos puntos de la ciudad, se pudo constatar que, desde principios de octubre, varias viviendas lucen adornos temáticos.
En muchas de ellas destacan figuras inflables que representan monstruos y calabazas, recreaciones de brujas suspendidas, telarañas colocadas a lo largo de los techos, y réplicas de personajes emblemáticos del cine de terror, como Jason Voorhees, protagonista de “Viernes 13”.
Además, algunos hogares exhiben pequeños letreros con luces que complementan la ambientación.
Mientras algunos optan por una decoración discreta, sin alejarse del tema festivo, otros transforman completamente sus residencias en verdaderas “casas del terror”, donde cada punto del exterior refleja la esencia de la celebración.
Otras personas prefieren una propuesta más neutral, inspirada en la temporada otoñal, con coronas decorativas —similares a las navideñas— adornadas con hojas y flores en tonos naranjas, o con pequeños espantapájaros, elementos que evocan la estación sin centrarse solamente en Halloween.
La señora María Teresa Gómez Beltrán, entusiasta de las decoraciones, compartió con Diario de Yucatán que adornar su hogar representa un sueño cumplido.
“De pequeña tuve 14 hermanos y mis papás nunca tuvieron los medios para decorar, aunque me encantaban tanto las celebraciones de Halloween como las de Navidad.
Gracias a Dios ahora puedo hacerlo; mi niña interior es feliz y me doy lo que de niña no tuve. Mi hija Mónica Molina a veces me compra cosas para complementar la decoración”.
La costumbre empezó cuando contrajo matrimonio y se ha mantenido a lo largo del tiempo.
Según indicó, destina entre dos y tres meses a la compra de adornos y cerca de dos semanas para montar y preparar toda la decoración de su hogar.
Por su parte, Mónica Cervera, comerciante de artículos decorativos por temporada, señaló que las actividades comunitarias, como las rutas para pedir dulces, impulsan significativamente las ventas.
“Los vecinos quieren que sus casas se vean presentables y bonitas para recibir a los niños que se acercan a pedir dulces”.
De acuerdo con sus cálculos, esperan que conforme se acerque la fecha de Halloween un mayor número de viviendas luzcan decoraciones más elaboradas.
Por el momento, quienes ya han comenzado con estos preparativos lo hacen motivados por la emoción de vivir el cierre del año, una temporada que abarca desde las fiestas patrias y el Hanal Pixán hasta las celebraciones navideñas.





