NUEVA YORK (Por Jonathan Wolfe y Tom Jamieson, de The New York Times).— Adrian Zivelonghi hizo bizcos, estiró el labio inferior sobre la punta de la nariz y mostró su rostro retorcido a un jurado, que examinó meticulosamente cada contorsión. Luego llegó el momento decisivo: el hombre de 58 años, que se dedica a hacer diferentes trabajos, se sacó la dentadura postiza y la meneó con sus labios, provocando un rugido de aprobación del público.

La gimnasia facial es el motivo central de los Campeonatos Mundiales de Gurning, una especie de concurso de belleza al revés y una antigua tradición de la ciudad de Egremont, en el Distrito de los Lagos, al norte de Inglaterra.

Las reglas son sencillas, aunque extrañas. Los competidores deben hacer gestos a través de un collar de caballo, conocido localmente como “baffin”. No se les permite utilizar las manos, contar con auxilio artificial ni portar maquillaje excesivo.

Sin embargo, pueden aumentar el efecto dramático de sus muecas “agitándose en el escenario y haciendo ruidos salvajes, como de animales”, según las normas oficiales.

Así es como luce:

Los concursantes son juzgados por “lo grotesco de la mueca y el grado en que cambian sus rasgos faciales”, según el reglamento.

Los mejores, aseguran los competidores, son personas creativas, con músculos faciales flexibles y ni pizca de inseguridad en sí mismos.

Los campeonatos, que este año se celebraron el 20 de septiembre pasado, tienen lugar cada otoño en el marco de la Feria del Cangrejo de Egremont, creada en 1267 por el rey Enrique III.

Según la tradición local, el “gurning” se remonta a la Edad Media y tiene su origen en las caras que pone la gente al morder las manzanas silvestres y ácidas que dan nombre al festival.

He aquí algunas de las historias que hay detrás de los participantes en el certamen:

La campeona vigente

Claire Lister, quien trabaja en el manejo de residuos de una central nuclear, lleva participando en la competencia desde que era una niña. Pero, al igual que muchos participantes locales, se tomó un descanso en sus años de adolescencia para no parecer “fuera de onda”.

“Siendo mujer, llega un momento en que no es del todo vergonzoso, pero a medida que te haces mayor no quieres empezar a competir en un deporte así”, dijo.

Lister, quien ahora tiene 38 años, volvió al concurso en 2013, después de que su hermana la inscribiera a modo de broma. Ganó la prueba femenina y desde entonces ha quedado en el primer lugar nueve veces, incluida la del año pasado.

“Nunca, nunca me preparo”, aseguró. “Nos divertimos, y de eso decimos que se trata”.

El veterano

Zivelonghi, originario de Coventry, Inglaterra, se inició en el “gruning” hace más de 20 años, en un intento por figurar en el Libro Guinness de los Récords. No era su primera opción para conquistar un título mundial, inicialmente su intención era competir por el pelo de oreja más largo del mundo.

“Pero cuando miras al hombre que tiene el pelo de la oreja más largo, es como: ‘Olvídalo, no voy a andar así por ahí’”, reconoció. “Así que, sí, en vez de eso me puse a hacer ‘gurning’”.

De acuerdo con Zivelonghi, el hecho de que te falten algunos dientes, como en su caso, puede ser una ventaja, pues permite gestos más extremos.

La novata

Stephanie Nguedia se mudó de Francia al Distrito de los Lagos hace dos años y su marido, Barry Morgan, la arrastró al concurso de este año. Al principio, no tenía ni idea de lo que estaba pasando.

“No lo entendía, me parecía ridículo”, admitió.

Pero la trabajadora de servicios de salud de 36 años de edad pronto se sintió atraída por el ambiente acogedor.

“Todo fue fantástico”, declaró sin aliento y sonriendo tras bajar del escenario. “Me encanta. Estoy contenta”.

La niña prodigio

Kendall Lister, de 11 años, hija de Claire, es una campeona por derecho propio. Ocupó el primer puesto en la prueba júnior de este año, lo que se sumó a varios premios anteriores.

¿Lo peor? “Puede dar miedo”, reconoció. “¿Y si meto la pata?”. ¿Y lo mejor? “Ganar”.

De última hora

Al igual que muchos competidores, la participación de Robbie Carr comenzó después de tomarse unas copas. “Fue algo bastante espontáneo”, afirmó.

Antes de subir al escenario, este electricista de 30 años de Egremont preguntó bromeando a su esposa: “Si quedo entre los tres primeros, ¿eso es un ‘puaj’?”. ¿Su respuesta? “Que participes es un ‘puaj’”.

Recordó que su gurruño facial estaba inspirado en su hermana pequeña, quien solía hacer una mueca cuando se burlaba de él.

El hijo pródigo

Ryan Barton, campeón júnior a finales de la década de 1990, hizo que su tío se aficionara al “gurning”. “Una noche que estaba borracho, le dije: ‘Vamos, hazlo’”, manifestó Barton. “Y lo hizo, y ganó, y le encantó”.

Su tío Peter Jackman se convertiría en una leyenda del “gurning”, ganando el campeonato en varias ocasiones.

Barton, de 42 años, dejó de practicar el “gurning” después de entrar en el ejército británico y de que muriera su tío. Pero este año decidió traer a sus dos hijas —Sadie, de 7 años, y Aimee, de 9— al concurso. Las pequeñas lo impulsaron a competir, igual que en su momento Barton había hecho con su tío.

Barton obtuvo el primer puesto entre los hombres, y subió a sus hijas al escenario con él para posar en las fotos.

“Dos niñas felices, de eso se trata”, aseguró después de ser declarado ganador. “A mi tío le encantaría escuchar eso”.

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