Juan Pablo Bavio entre dos de los 24 óleos que conforman la muestra “Chamanes y cacao: Arte de lo sagrado”, en su galería de Santiago
Juan Pablo Bavio entre dos de los 24 óleos que conforman la muestra “Chamanes y cacao: Arte de lo sagrado”, en su galería de Santiago
  • Juan Pablo Bavio entre dos de los 24 óleos que conforman la muestra “Chamanes y cacao: Arte de lo sagrado”, en su galería de Santiago
  • La muestra podrá visitarse durante las próximas 2 semanas

En la intimidad de su galería-estudio, un espacio con atmósfera propia en el barrio de Santiago, Juan Pablo Bavio inauguró anteanoche su más reciente exposición, “Chamanes y cacao: Arte de lo sagrado”, 24 óleos que convocan al espectador a un encuentro con lo ancestral.

La velada reunió a familiares, amigos, alumnos y curiosos del arte, quienes acudieron para acompañar al artista plástico —argentino de origen, yucateco por adopción desde hace más de dos décadas— en un recorrido por aquello que define como “un viaje espiritual traducido en pintura”.

Previamente a la inauguración, el artista compartió con el Diario los orígenes de la muestra. Con entusiasmo, explicó que este proyecto no pretende ser un estudio antropológico ni investigación académica sobre la figura del chamán o el cacao en la tradición prehispánica.

Su intención, insistió, es estrictamente pictórica: “Son 24 obras al óleo donde trato de expresar un tema que me apasiona, que es el de los chamanes y la relación del cacao con la cultura prehispánica, principalmente de Yucatán. Yo busco transmitir emociones, fuerza, magia, a través de rostros, colores y texturas”.

La exposición se nutre de diversas fuentes. Algunas de las caras plasmadas nacen de fotografías de personas reales que sirven de punto de partida para la reinterpretación del artista; otras brotan directamente de su imaginación. Bavio relató que varias de ellas fueron inspiradas por momentos vividos, especialmente un ritual maya al que fue invitado en el pueblo de Halachó.

La experiencia, dijo, fue tan poderosa que necesitó traducirla al óleo para capturar no solo el gesto o la escena, sino también el estado espiritual del encuentro. “Conviví con el chamán y con la gente que participaba; fue un momento maravilloso, profundamente humano. Ese instante se volvió pintura”, recordó.

Con más de 30 años de trayectoria, el artista ha centrado buena parte de su obra en las culturas prehispánicas y en el mestizaje del continente americano, una búsqueda que conecta sus raíces argentinas con la identidad que ha construido en México y, particularmente, en Yucatán.

En su estudio, fundado en 2008 y convertido en un punto de referencia entre los amantes del arte en Mérida, imparte clases de dibujo y pintura para todos los niveles, y ha desarrollado exposiciones como “Historias de Yucatán”, su proyecto de 2024, del cual surgió la chispa de la nueva muestra.

“El tema de los chamanes siempre estuvo conmigo, pero no lo había trabajado de forma directa”, confesó. “Había retratos con cierta influencia espiritual, rostros con una carga interior fuerte, pero esta es la primera vez que hago una exposición completamente dedicada a los chamanes. Fue como si la idea, que llevaba tiempo rondando mi corazón, finalmente se concretara”.

El artista explicó que la mayor parte de las obras fue creada a lo largo de 2025, mientras que solo una pequeña parte pertenece a 2024. El proceso, añadió, fluyó con una naturalidad inesperada: “Estoy muy feliz, porque muchas veces uno tiene la idea, pero no se concreta por falta de tiempo, de inspiración, o por dificultades que surgen en el camino. Sin embargo, esta vez se dio ese momento mágico que necesitamos los pintores. Dejé que la energía creativa fluyera y terminé con 24 obras, cuando en realidad no había planeado tantas”.

La inauguración de la exposición fue un momento casi ceremonial. El propio artista agradeció el apoyo de las personas que han caminado con él en distintos proyectos y han colaborado en su estudio. Como gesto adicional, seis de las pinturas estaban cubiertas con papel y frases misteriosas, revelándolas más tarde para añadir sorpresa al momento.

El acto se completó con la lectura de un ensayo escrito por el antropólogo Armando Arceo Vargas, quien reflexionó sobre el cacao como elemento sagrado, sus raíces en las culturas mesoamericanas y el papel del chamán como mediador entre lo visible y lo invisible. Sus palabras, cargadas de simbolismo, acompañaron al público en una transición hacia la contemplación.

Bavio pidió a los asistentes mirar las piezas con libertad, sin buscar interpretaciones técnicas o antropológicas, sino dejándose llevar por lo que la pintura despierta. Subrayó que el cacao, presente en varias de las obras, fue para las culturas mayas una bebida sagrada, capaz de abrir el corazón y propiciar el encuentro con lo espiritual. En ese sentido, lo utiliza como metáfora de comunión entre cuerpo y alma, entre materia y revelación.

“Es una exposición pictórica en la que traté de expresar lo mejor que pude mi visión sobre un tema que me apasiona profundamente”, manifestó.

Los óleos, de formatos diversos, van desde piezas íntimas hasta composiciones de gran presencia y todos están a la venta. Las obras destacan por una paleta equilibrada que provoca emociones profundas. Los rostros que emergen en cada obra —marcados por rasgos, gestos intensos y una esencia chamánica— parecen surgir desde una memoria ancestral. Entre las piezas exhibidas se encuentran “Umbral de luz”, “Ritual de los tres portales”, “El silencio del espíritu”, “Ritual en Tahdziú”, “Hanal Cool”, “El chamán del chocolate”, “Chamán yaqui” y “El canto de los pigmentos”, estas dos últimas consideradas centrales en la propuesta del artista.

Durante la inauguración también se compartieron chocolates y bocadillos, repartidos entre los asistentes por las dos pequeñas hijas del creador, gesto que generó una atmósfera de cercanía y calidez a la velada.

La muestra estará abierta durante dos semanas en la Galería-Estudio Juan Pablo Bavio, en la calle 57 del barrio de Santiago, a partir de las 10 de la mañana.

En diciembre, adelantó, el espacio albergará una exposición colectiva de sus alumnos, como parte del aniversario número 17 del taller que fundó en 2008.

Quienes deseen conocer más sobre las clases pueden acudir directamente al estudio en horario matutino, visitar el perfil de Galería-Estudio Juan Pablo Bavio en Facebook o enviar un mensaje de WhatsApp al número 9991-00-62-44.

En “Chamanes y cacao: Arte de lo sagrado”, Juan Pablo Bavio propone un viaje hacia lo interior. Invita a participar del acto donde el arte se convierte en puente y la mirada en una forma de revelación. En cada obra late la intención de honrar lo ancestral, de reconocer la espiritualidad que sobrevive en los rostros, en sus gestos, sus miradas, en la tierra y en el fruto que durante siglos fue símbolo de vida y conocimiento. La exposición, al igual que el maestro que la creó, abre un espacio donde lo visible se encuentra con lo invisible y donde la experiencia estética se vuelve también un gesto de memoria.— DARINKA RUIZ MORIMOTO

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