“Si me matan, sacaré los brazos de la tumba y seré más fuerte”, Minerva Mirabal
La prisa por partir era inminente: algunos trastes sin lavar, la cama destendida y un armario abierto que rebosaba recuerdos, como si el tiempo se hubiera detenido en ese instante y solo quedaran los vestigios de lo que una vez fue.
Nadie la vio irse, se escabulló entre las sombras de la indiferencia, de la ausencia de miradas que ven más allá de la superficie. Su partida fue un susurro en el viento, un clamor silencioso que se perdió en la presencia de quienes daban por sentada la permanencia de las cosas a pesar de todo y todos.
Y es que a veces, la lejanía es el resultado de una calma impuesta, de una voz callada por miedo, de un grito ahogado por la hostilidad. Un mutismo que duele más que cualquier palabra, un vacío que se llena de preguntas sin respuesta.
Estamos cansadas de escuchar que las mujeres ya tenemos todos los derechos, pero nadie habla de los deberes incumplidos por las instituciones que procuran la justicia.
La violencia crece y va permeando cada aspecto de nuestra vida y ciertas conductas se van normalizando por su constante repetición. Pero no es un juego, es una realidad que lastima, que hiere, que mata.
Banalizar la agresión física, emocional, psicológica, económica y sexual nos convierte en cómplices silenciosos de un ciclo de dolor y sufrimiento que puede ser interminable.
Noviembre llega junto con la memoria de voces que gritaron y fueron apagadas desde las tinieblas de la dictadura hasta la luz de la resistencia: Patria, Minerva, y María Teresa Mirabal siguen resonando haciendo de este mes un recordatorio, una conmemoración, un llamado a erradicar la violencia de género, que aún en estos días es un tema pendiente.
Tejer una red de apoyo y solidaridad para que ninguna se sienta sola en su lucha es una urgencia social y moral.
Que nuestra acción sea refugio seguro para aquellas que se encuentran más vulnerables.
No más sombras, no más quietud, que el legado de las “Mariposas Mirabal” extienda sus alas vibrando en cada confín del mundo, que nunca sean olvidadas y que si así fuese, que su invisibilidad grite por ellas, construyendo un presente más justo y humano.
Licenciada en Ciencias de la Comunicación
