El hermano Manuel Franco Jáuregui da unas palabras a la comunidad marista reunida en la celebración
El hermano Manuel Franco Jáuregui da unas palabras a la comunidad marista reunida en la celebración

La cena baile con la que el Centro Universitario Montejo (CUM) concluyó los festejos por su 65 aniversario se convirtió en un viaje de nostalgias a través de la memoria marista. En un ambiente de reencuentros, anteanoche, diversas generaciones volvieron a sentirse parte de aquel espíritu que, desde 1959, ha dado identidad al colegio. La velada, organizada como cierre oficial de las celebraciones, fue conducida por los exalumnos Martha Rivero Lazcano y Carlos Canto Lara.

El director del plantel, Josué Israel Quintal Gurubel, marcó el tono de la noche al dar la bienvenida y recordar que “el agradecimiento es la memoria del corazón”, frase que, señaló, guiaba el sentido de los festejos por el 65 aniversario. En su discurso reconoció a las miles de personas que han dado vida al colegio, desde las más de 350 mamás delegadas y exdelegadas que participaron en la primera actividad conmemorativa, hasta los más de 1,300 deportistas que acudieron a la jornada deportiva.

  • Hermano Bruno Cortés Ramírez agradece el reconocimiento recibido; a su lado lo acompaña Enrique Baquedano Pérez en la cena de gala
  • El hermano Manuel Franco Jáuregui da unas palabras a la comunidad marista reunida en la celebración

Asimismo, celebró la presencia de los hermanos maristas, cuyo testimonio, afirmó, mantiene vivos los valores que distinguen a la institución. Destacó también la emoción que dejó la Eucaristía concelebrada por 12 sacerdotes exalumnos y el coro integrado por más de 50 voces maristas, signo de una comunidad que continúa latiendo unida. Antes de concluir, invitó a los presentes a disfrutar de la velada y a recordar que “una vez maristas, siempre maristas”, reafirmando el compromiso que los une: “Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús”.

Durante la gala se proyectaron varios materiales que, más que documentos históricos, funcionaron como espejos emocionales. El primero fue un vídeo que repasó a los 14 directores que han guiado al CUM durante seis décadas y media. Las imágenes de estos rostros conocidos —algunos presentes, otros recordados— provocaron aplausos espontáneos y miradas que se buscaron entre las mesas.

Posteriormente, los exdirectores, hermanos Bruno Cortés Ramírez y Manuel Franco Jáuregui, Enrique Baquedano Pérez y Quintal Gurubel, recibieron un reconocimiento que selló ante sus generaciones la huella de su liderazgo. En representación de ellos, el hermano Bruno Cortés Ramírez compartió un mensaje de agradecimiento hacia los alumnos y compañeros de misión educativa.

La comunidad dedicó también un homenaje especial a quienes, desde las aulas del CUM, abrazaron la vida religiosa. Un vídeo recordó a sacerdotes y hermanos maristas exalumnos, y posteriormente se entregaron reconocimientos a los hermanos maristas presentes en la celebración: Roberto Aldrete Padilla, Eduardo Navarro de la Torre, Álvaro Barragán Salín, Óscar Becerra García, Eduardo Torres Jiménez, Hugo Rivera Herrera, Gerardo de Loera Romo, Roberto Valdivia de Lara, Julián Solís Pasos, Alfonso Junior Chiquini Méndez, Teodoro Grageda Vázquez, Bruno Cortés Ramírez y Manuel Franco Jáuregui, quien recientemente fue honrado con que el auditorio del plantel lleve su nombre. En su mensaje, invitó a los asistentes a seguir caminando juntos “con las riendas sueltas y refrenando el vuelo”, en alusión a la vida compartida desde la fe y el servicio.

Uno de los momentos más esperados fue el vídeo dedicado a los maestros que, década tras década, han marcado generaciones completas. Desde los profesores de los años sesenta hasta los más recientes, la presentación provocó risas, nostalgia y comentarios que transportaron por un instante a los pasillos donde se formaron amistades, vocaciones y recuerdos imborrables. Muchos exalumnos se pusieron de pie para aplaudir a quienes, en vida o desde la memoria, siguen siendo parte esencial del sello marista.

El cierre del programa formal estuvo a cargo del cantante y exalumno Javier Alcalá, quien interpretó el Himno Marista. El público cantó de pie, con voces unidas, desde los más jóvenes hasta quienes cursaron la preparatoria hace varias décadas, sosteniendo en la letra una historia común que permanece viva.

Después de la ceremonia protocolaria, la cena baile de aniversario continuó al ritmo del grupo Collage, dirigido por Russel Navarrete, cuya música creó un ambiente festivo y elegante. La cena incluyó una entrada de ensalada de hojas verdes con envuelto crocante, seguida de fetuccini tartufo con pollo y un postre de cheesecake de limón.

Por momentos, la cena se detenía no por protocolo, sino por emoción. Grupos que no se veían desde hacía años se reencontraron entre abrazos, fotografías improvisadas y anécdotas que afloraron con naturalidad. Las mesas se convirtieron en pequeños círculos de memoria donde exalumnos de distintas generaciones compartieron la certeza de haber sido parte de algo más grande que un ciclo escolar.

Aunque la velada concluyó oficialmente, el ambiente celebratorio permaneció en cada mesa, en cada saludo y en cada fotografía que intentó capturar —sin lograr contenerla del todo— la intensidad de una noche dedicada a los afectos maristas. Así, entre gratitud, música y memoria compartida, el CUM cerró sus 65 años con la certeza de que su espíritu de familia sigue intacto y vibrante.— Darinka Ruiz Morimoto

De un vistazo

Muestras de cariño

Durante la cena baile del CUM destacó la presencia del arzobispo de Xalapa, monseñor Jorge Carlos Patrón Wong, en fotografías de distintas generaciones. Con una amplia sonrisa y evidente entusiasmo, el prelado posó en repetidas ocasiones con exalumnos que se acercaban a saludarlo y abrazarlo. Su cercanía y alegría lo convirtieron en uno de los invitados más solicitados, símbolo vivo del vínculo afectivo y espiritual que une a la comunidad marista a lo largo de los años.

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