Inician días muy hermosos, donde los hogares se llenan de luces, que iluminan una temporada llena de amor, esperanza, unidad y celebración.
Es tan bello ver cómo cada familia en su hogar dedica ese tiempo para decorar y encender esas luces que a la vez encienden ese amor interno, porque reflejan la alegría de la llegada de fechas muy importantes.
Sin embargo, hoy quiero reflexionar sobre encender la luz más importante para todo ser humano, aquella que ilumina nuestro diario vivir, la que nos ilumina en tiempos de angustia o dificultad, la que nos alumbra cuando nos sentimos perdidos en el caminar de la vida, aquella que brilla con intensidad haciéndonos recordar que no importa cuán oscuras podamos ver algunas etapas de la vida, esa luz siempre nos iluminará y jamás podrá ser apagada.
La luz que enciende nuestro corazón con amor, paz, compasión y perdón, y que no se compara con ninguna luz artificial, porque esta es única e incomparable, y que solo puede encenderse en nosotros si cada uno lo permite. Esta es la luz de Jesús en nuestro corazón.
Juan 8:12 nos dice que Jesús se dirigió a la gente y le dijo: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en oscuridad, sino que tendrá la luz de la vida”. Si nosotros creemos esto y abrimos nuestro corazón a Él reinará en nuestro corazón y vida.
Cada día hay que declarar lo que dice Salmos 27:1: “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es el baluarte de mi vida, ¿quién me asustará?”.
Hoy les invito a encender la luz de Jesús en su corazón.— Yeny Canché Canul.
Fundadora de Sublime Amor.
