Hace 494 años la Virgen María vino a visitar esta tierra bendita que hoy es nuestro México y le salió al paso a un hombre autóctono a quien llamándolo con mucho dulzura por su nombre cristiano le dijo: “Juanito, Juan Dieguito el más pequeño de mis hijos, ¿adónde vas?”.
Juan Diego tenía muy claro adónde iba y así le respondió con gran seguridad: “Señora y Niña mía, tengo que llegar a tu casa de México Tlatelolco, a seguir las cosas divinas que nos dan y nos enseñan nuestros sacerdotes, delegados de Nuestro Señor”. Hoy, casi 500 años después, imagino que con más prisa y quizás con cierta severidad la Santísima Virgen estará haciendo la misma pregunta a cada mexicano y al pueblo de México en su conjunto: “Querido México, ¿adónde vas?, ¿hacia dónde te diriges?, ¿te has dado cuenta del camino que has tomado? Alcanzo a ver el final del camino, ¡cuidado!, hay un precipicio. Pero aún puedes corregir la ruta, si te lo propones”.
El problema es que a diferencia de Juan Diego, que tenía muy claro adónde iba, gran parte de nosotros no tenemos muy claro adónde nos dirigimos. Y lo más grave es que mucha gente, más que ir libremente, está siendo llevada por esos caminos equivocados mediante el engaño y la manipulación. Caminos que en lugar de conducir a la alegría y la paz nos están llevando a la división, al dolor y a la muerte.
En el fondo, todos anhelamos la paz. Pero la verdadera paz solo puede venir de Jesucristo Nuestro Señor, el único Dios verdadero, el único que puede instaurar en nuestras vidas y en nuestro mundo su Reino de Amor, de Justicia y de Paz.
Pero nuestro México, una nación que se ha rebelado contra Dios y sus leyes, que se ha alejado de su Madre Santísima para ir tras falsos ídolos, no podrá tener paz hasta que reconozca que tomó decisiones equivocadas, se arrepienta, pida perdón y vuelva su corazón y retome su compromiso con quienes un día proclamó su único Rey y su única Reina: Cristo Rey y Santa María de Guadalupe.
La noticias diarias nos estremecen: la muerte injusta de tantos mexicanos, la amenaza constante de catástrofes naturales, la manipulación de las conciencias, las nuevas y difíciles enfermedades, la legalización del terrible crimen del aborto, la destrucción de la familia, la deshumanización de la sociedad, la ruptura de los límites morales y éticos a la que hemos llegado, la tergiversación absoluta de la Verdad, entre otras cosas y, aunado a esto, la obnubilación de la mente por nuevas ideologías y el uso excesivo de la tecnología que afecta la memoria y la concentración y genera muchas veces ansiedad, insomnio y estrés nos está convirtiendo en personas cada vez más vulnerables y manipulables que estamos siendo llevados adonde no queremos ir pero seguimos adelante sin gran preocupación.
Al mismo tiempo, cada vez se intuye más en el ambiente que algo grave se aproxima pero preferimos seguir viviendo como si no pasara nada. ¡Mexicano, despierta!, ¡Recupera tu identidad! Escoge la vida. Renuncia a toda idolatría, renuncia a satanás y a sus engaños, vuelve a ser ese pueblo amable, alegre, trabajador, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesita. Ese pueblo que sabe reír y bailar, el que ha sido siempre admirado por sus tradiciones, su música, su comida pero, sobre todo, por lo que lo hizo grande: su fe y su amor a Cristo Rey y a su Virgen del Tepeyac, su siempre protectora y defensora.
El enemigo de Dios sabe que eres un pueblo elegido para ser luz y referente para el mundo entero y por eso desde el principio te ha atacado sin piedad. Él busca destruirte y robar almas para llevarlas con él al sufrimiento eterno. ¡No seas una de ellas! Pues Dios te ha dado las armas para frenar las potencias de las tinieblas.
Querido hermano mexicano, eres un elegido, naciste para algo grande, ama tu tierra, lucha por construir un país grande y fuerte, lucha por conocer la verdad y el amor, que tu paso por la vida sea edificante. Busca a tu Señor, el que te creó y dio la vida por ti y verás su mano poderosa actuando en tu vida. Dios nunca falla, siempre es fiel. Te lo puedo asegurar porque lo he experimentado.
La Santísima Virgen es tu Madre, te ama sin condiciones y hoy viene a tu encuentro para que un día puedas llegar a la felicidad eterna, la que no termina nunca. Los que han experimentado de alguna manera la presencia o la visión de Jesús o de María, aseguran “que no hay manera de explicar el amor que de ellos emana”, un amor pleno y perfecto, inexplicable para nosotros, que no es como el amor humano que siempre es frágil y limitado.
No lo pienses más, Jesús te espera en la Eucaristía, Él tiene el poder para sanar todas tus heridas; ve a visitarlo, habla con Él, cuéntale tus penas. Pide la ayuda de tu Madre Santísima y tu vida será sanada y conocerás la paz y la felicidad en esta vida y en la otra.
