“Convertimos a ChatGPT en nuestro amigo y confidente personal”
“Convertimos a ChatGPT en nuestro amigo y confidente personal”

Utilicen la inteligencia artificial de una manera en la que, si dejara de existir mañana, todavía supieran cómo pensar, cómo crear, cómo actuar por su cuenta, cómo crear amistades auténticas. Recuerden que la IA nunca podrá reemplazar el don único que ustedes son para el mundo —papa León XIV

Tengo casi veinticinco años. No me tocó investigar en enciclopedias o bibliotecas. Tal vez sí —muy en sus inicios— en la parte de atrás de las planillas. Pero, honestamente, en su gran mayoría todo fue en Google.

Era una vía fácil, aunque implicaba buscar página por página hasta encontrar la información deseada y, por lo tanto, leer. Y si eso se consideraba inmediatez, ni qué decir con lo que ahora conocemos como ChatGPT.

Con todo y que esta última plataforma surgió cuando mi generación estaba por terminar la universidad, fue como si de repente las funciones creativas y ejecutivas del ser humano se hubieran desvanecido. Ahora ya todo es “Chat, resuélveme esto, escríbeme esto, hazme esto”, y aunque tengamos herramientas tecnológicas para hacer las mismas cosas, aunque tardemos cinco minutos más pero usemos nuestro cerebro, preferimos que un bot lo haga por nosotros. La pregunta es: ¿por qué?.

¿Será la cultura de la inmediatez? ¿El famoso “burn out” que nos lleva a ceder? Pero ¿por qué queremos automatizar hasta nuestro pensamiento? Ya no buscamos siquiera opiniones conocidas, todas se las preguntamos a la inteligencia artificial.

Convertimos a ChatGPT en nuestro amigo y confidente personal, no dimensionamos qué sucede con nuestra información privada y tampoco queremos hacerlo. Tal vez lo que nos asusta es la realidad. Una opinión sincera, un mensaje confrontativo, una tarea que nos exija pensar y actuar por nuestra cuenta… simplemente, cualquier labor que requiera dar de nosotros de manera auténtica y trabajosa.

No sé qué le deparará a la juventud con esta ola creciente de tecnología y también me aterra saberlo. Pero me quedaré reflexionando en por qué nos urge que un bot resuelva nuestra existencia. Espero tú también.

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