Ante más de dos mil personas que abarrotaron la Catedral, el arzobispo de Yucatán, monseñor Gustavo Rodríguez Vega, clausuró ayer a nivel diocesano el Año Jubilar de la Esperanza.
Agradecimientos a Dios por un año de bendiciones y conversiones, y buenos propósitos se elevaron en forma de plegarias en la ceremonia, que, a pesar de realizarse en un día hábil, congregó a representantes de los 14 decanatos de Yucatán.
Participó medio centenar de sacerdotes, seminaristas e integrantes de la vida consagrada, así como comunidades de creyentes.
El programa comenzó con una procesión, que salió de la iglesia de Monjas y fue la última del Año Jubilar de la Esperanza, inaugurado el 29 de diciembre de 2024.
El papa Francisco abrió el Año Santo y a León XIV le tocará cerrarlo el 6 de enero próximo. Este lunes 29 estuvo destinado a las clausuras de cada diócesis.
La procesión de ayer fue encabezada por la imagen de la Virgen de Guadalupe y una cruz de madera. Detrás caminaron sacerdotes y representantes de comunidades católicas. El grupo se dirigió sobre la calle 63, desde su esquina con la 64, hasta la 60, para doblar a la izquierda y enfilarse a Catedral, donde entró por la Puerta del Perdón. A un lado del acceso principal había un andamio, recordatorio de que las obras de restauración del máximo templo católico de Yucatán no han concluido.
Al inicio de la misa, el Arzobispo leyó un documento alusivo a la clausura del Año Santo. En la homilía dijo que “todos, absolutamente todos, estamos llamados a la conversión porque todos somos pecadores”.
“Todos debemos renovarnos en la esperanza, ser peregrinos de esperanza para no desviar nuestro camino, no poner nuestra esperanza en las cosas de este mundo, en nuestras capacidades, en las promesas que nos han hecho”, advirtió.
“No poner las esperanzas en los factores humanos que, como humanos, pueden y suelen fallar”.
“Nos hacemos propósitos para el año nuevo y después de un mes empezamos a fallar. No hay que poner nuestra esperanza en nosotros mismos ni en los demás. Nuestra esperanza debe ponerse solamente en Dios nuestro Señor”.
Monseñor Gustavo Rodríguez subrayó que la esperanza puesta en Dios no defrauda. “Judas se sintió defraudado por Jesús y por eso siguió otro camino, el camino de la traición”.
“Jesús, más que la algarabía y los aplausos de una multitud, quería la sinceridad de cada corazón, de cada persona, como aquel pequeño grupo que lo acompañó hasta el final. Unos se sintieron defraudados y unos pocos perseveraron en la esperanza”, manifestó.
“Somos llamados a peregrinar en la esperanza. Acaba el Año Jubilar, pero que no se acabe nuestro júbilo en el Señor, que no se acabe nuestra esperanza. Hay que continuar con el vuelo que hemos tomado, seguir adelante nuestro camino de vida cristiana”, manifestó.
“Hoy se ha cumplido la gracia de este Año Jubilar. Pero la gracia de la salvación ya está realizada en Cristo nuestro Señor”.
“La esperanza nos acompaña hasta el momento en que morimos y entonces nos podemos encontrar con la plenitud de aquello en lo que creímos”, aseguró.
El prelado añadió que para hacer un balance del año “podemos hacer números, pero la gracia de Dios nadie la puede medir”.
“Él sabe lo que ha obrado en miles y miles de personas que se han acercado a ganar la indulgencia plenaria”.
Monseñor Gustavo Rodríguez celebró con los obispos auxiliares Pedro Mena Díaz y Mario Medina Balam y medio centenar de sacerdotes.— CLAUDIA SIERRA MEDINA






