La idea de que en la sociedad lo que importa son las apariencias es el eje central de la Ley No. 6 del libro Las 48 leyes del poder de Robert Greene: “Busque llamar la atención a toda costa”. Greene es contundente: “Todo se juzga por la apariencia; lo que no se ve no tiene valor”. Para él, ser invisible equivale a no tener poder.
Ahora pongamos esa idea frente a otra, aparentemente opuesta.
En la serie Andor de Star Wars, Davo Sculdun —banquero y figura del mercado negro— dice algo que se me quedó grabado:
“Uno de los beneficios de la riqueza es ser libre de la opinión de los demás”.
La misma idea aparece, con mayor peso literario, en Dostoyevski:
“El dinero es libertad acuñada”.
O, como diría un familiar muy querido: que opine el que pague.
Aquí viene la pregunta incómoda:
si vivimos en una sociedad donde las apariencias importan, y al mismo tiempo el dinero compra libertad frente a la opinión ajena… ¿no estamos atrapados en la famosa carrera de la rata?
Podemos decidir no hacerle caso a la sociedad, pero no podemos aislarnos del todo. Queramos o no, todos jugamos algún rol.
Soy hijo de un funcionario público. La vida me dio exposición antes de que yo la pidiera. Con el tiempo, para bien o para mal, he tenido la mía propia. A veces justa, otras veces injusta; a veces basada en hechos reales, otras en chismes y juicios. Pero hoy estás aquí, leyendo estas líneas. Hay una opinión formándose.
La pregunta no es si existe el poder de la exposición. Existe.
La pregunta es: ¿para qué lo estamos usando?
¿Para servir o solo para servirnos?
Cuando el poder —económico, social o mediático— se usa solo en beneficio propio, el juicio externo sigue pesando. En cambio, cuando se construye desde el servicio, se empieza a formar un inventario moral que da paz.
Mi nombre es Alejandro Granja Peniche. Para no vivir esclavo de la opinión ajena, he decidido construir una identidad basada en el servicio, generando dinero a través de soluciones.
Estoy para dialogar, no para agradar.
Y para servir, no para ser aplaudido.
En mis redes comparto la versión extendida de esta columna, donde profundizo en este tema.
Nos leemos.

