En el marco de las celebraciones del 20o. aniversario de consagración de la iglesia parroquial de Cristo Resucitado, se llevó al cabo la mesa panel “Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” con la participación de cinco expárrocos, que compartieron recuerdos, aprendizajes y anécdotas de las distintas etapas que les tocó vivir al frente de la comunidad.
Anteanoche, en el encuentro participaron monseñor Joaquín Vázquez Ávila y los presbíteros Jorge Carlos Menéndez Moguel, Óscar Cetina Vega, Antonio Escalante Pantoja y Cristhian Cáceres Solís, con la moderación de José Eduardo Carrillo.
La actividad se desarrolló en un ambiente ameno y cercano, con la asistencia de feligreses que escucharon, rieron y se reconocieron en muchas de las historias compartidas por los párrocos que han formado parte de su fe católica.
El primero en tomar la palabra fue el padre Jorge Menéndez, mejor conocido por la comunidad como “Manito”, quien habló de los primeros años de la parroquia, una etapa marcada por el reto de la construcción del templo. Recordó el proceso de planeación arquitectónica, la búsqueda de un proyecto adecuado y el esfuerzo comunitario que significó levantar un espacio que no solo fuera un edificio, sino también lugar de encuentro.
Más allá del aspecto material, dijo, la comunidad comenzó a formarse alrededor de la Eucaristía, entendida como el corazón de la vida parroquial: “La Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace la Iglesia”. Y señaló que, junto con la edificación física, fue la misma comunidad la que fue dando forma a la parroquia como un espacio vivo.
En crecimiento
Por otro lado, el presbítero Óscar Cetina Vega compartió su experiencia en una fase posterior, cuando ya existían bases pastorales más definidas. Habló de la importancia de enseñar, acompañar y santificar, ejes que guiaron su labor sacerdotal. “Acompañar, enseñar y santificar”, resumió al referirse a la misión pastoral.
Recordó el trabajo con los distintos grupos apostólicos, el fortalecimiento de la catequesis y la necesidad de dar continuidad a lo que ya se había sembrado, resaltando que la parroquia es un espacio que se construye desde la fe cotidiana de las personas.
El padre Antonio Escalante, llamado cariñosamente “Tony”, indicó a su vez que durante su paso por la parroquia siempre tuvo el deseo de que esta se sintiera como una casa común, no solo un templo. Evocó los esfuerzos por integrar a los distintos grupos, generar espacios de convivencia y fortalecer el sentido de pertenencia, con la idea de que fuera “una casa para todos, una casa para los grupos”.
Pero no todo fue sencillo, como lo demostró al referirse a los momentos difíciles que pusieron a prueba a la comunidad, pero que al mismo tiempo reforzaron los lazos entre los feligreses.
Siguiendo la misma línea, monseñor Joaquín Vázquez, “Huachito”, recordó una etapa particularmente compleja, atravesada por circunstancias externas que obligaron a reinventar la vida comunitaria, como el cierre de los templos por la pandemia. Compartió cómo, a pesar de la distancia física, se buscaron formas de mantener el contacto con los fieles a través de varios medios, para que “la Iglesia no se quedara sin la gente”.
Precisamente en esta etapa, la creatividad pastoral surgió, junto con la respuesta solidaria de los fieles.
El padre Cristhian Cáceres Solís, desde su mirada como párroco actual, habló de los retos que se viven y los que vendrán en la comunidad.
Para él, es importante no quedarse únicamente en la memoria del pasado, sino que se debe asumir el presente con responsabilidad y esperanza, señalando que la identidad de la parroquia se ha construido gracias al trabajo de muchos y que el desafío es seguir caminando juntos, incluso en medio de las dificultades.— Karla Cecilia Acosta Castillo


