

El fresco siempre ha sido una búsqueda constante de los yucatecos y, al pensar en él, es inevitable mirar la manera en que se construyen las casas. Así lo recordó el ingeniero Juan Manuel Rivero Fernández durante la conferencia “El fresco en los tiempos de la abuela”, impartida el pasado sábado en el Museo de la Luz.
El especialista en mecánica de fluidos y transferencia de calor expuso que contar con espacios cómodos, que protejan del intenso sol y del calor característico de Yucatán, es fundamental para el bienestar.
Señaló que, aunque actualmente el aire acondicionado es el recurso más utilizado para mitigar las altas temperaturas, en el pasado existían soluciones arquitectónicas eficaces y naturales.
Rivero Fernández, docente de la Escuela Nacional de Estudios Superiores de la UNAM Unidad Mérida, explicó que en los tiempos de antes las casas se construían con techos altos, ventanas más pequeñas y fachadas protegidas del sol, además de amplios patios con vegetación. Estas características permitían mantener interiores más frescos.
Recordó que muchas viviendas del Centro Histórico aún conservan estas cualidades, con patios centrales que favorecen la ventilación. Asimismo, destacó la casa maya tradicional como uno de los mejores ejemplos de arquitectura climáticamente adecuada, gracias al uso de materiales naturales como el huano, el bejuco y el bajareque.
Estas construcciones, altas y con aperturas opuestas para generar viento cruzado, además de solares con abundante vegetación, ofrecían frescura de manera natural, una práctica que se mantiene vigente en comunidades del interior del estado.
Repensar los modelos
El investigador consideró necesario repensar ideas del pasado y cuestionar si lo más tecnológico es siempre lo mejor. Subrayó que rescatar conocimientos tradicionales puede contribuir a enfrentar el cambio climático, al reducir el uso del aire acondicionado.
Entre las propuestas mencionó incorporar más vegetación, emplear muros de biomateriales más anchos y diseñar techos altos que favorezcan el confort térmico. “La abuela sabía que si estamos frescos, estamos bien”, afirmó, al señalar que el fresco es sinónimo de bienestar, tranquilidad y buen descanso.— Claudia Sierra
