En Yucatán la literatura no es una pieza de museo, sino un organismo vivo que respira, se transforma y encuentra su voz en cada uno de sus representantes, instituciones o agrupaciones que buscan enriquecerla. Esta vitalidad se hace presente al conversar con la escritora e investigadora Silvia Cristina Leirana Alcocer, actual presidenta del Centro Yucateco de Escritores (CYE). Con una visión renovada y esa pasión que poseen quienes han consagrado su vida a las letras, Silvia Cristina nos abre las puertas de una agrupación emblemática que hoy, bajo su liderazgo, busca conquistar nuevos horizontes.
Al abordar el nuevo ciclo de talleres gratuitos que el Centro ha preparado, la escritora revela que esta iniciativa nace de la vocación social que ha definido al CYE desde sus orígenes, con un trabajo que se divide en dos pulsos vitales: el de “casa adentro”, que representa el rigor y la disciplina entre los miembros de la agrupación; y el de “casa afuera”, ese compromiso ineludible de extender la mano a la comunidad.
“Este nuevo viaje literario, que arrancó el sábado pasado en la Videosala del Centro Cultural Universitario, es una inmersión total en la creación”, describe Cristina Leirana.
Comenzó con una reflexión de Roger Metri sobre la situación existencial del escritor, para luego dar paso a un festín de géneros. Oscar Sauri guiará los hilos de la creación poética durante dos sesiones en febrero; Carlos Vadillo desmitificará la narrativa corta con su taller “Cuentos sin tanto cuento”; en marzo, Verónica Rodríguez conducirá a los alumnos por los senderos de la crónica literaria con la meta de forjar piezas terminadas; y finalmente, la maestra Melba Alfaro cerrará el ciclo explorando el diálogo narrativo, buscando esa naturalidad esencial que impulsa la acción en cualquier historia.
“Se trata de una formación integral que, dependiendo de la respuesta del público, buscará nuevos nidos donde seguir creciendo”, detalla.
Todos los talleres antes mencionados serán impartidos por integrantes del CYE, escritores que han decidido donar su tiempo y conocimientos. “Es una oportunidad única de estrechar la mano de quienes buscan un eco para su vocación, ya sean novatos o autodidactas”, agrega.
Es, en sus propias palabras, un “ganar-ganar”: mientras los maestros aportan el oficio de más de 30 años de trayectoria, reciben a cambio el ímpetu de las nuevas generaciones, recuperando la chispa que los movía en sus inicios.
Con la meta clara
Al recordar el momento en que asumió la presidencia a finales del año pasado, Silvia Cristina se muestra firme en su propósito. Su mensaje hacia sus colegas fue claro: reagrupación y reactivación. El CYE, nacido a finales de los 80 y constituido legalmente en 1990, vivió años de gloria hasta que en 2009 entró en una especie de letargo productivo. Hoy, el interés es volver a la luz y, sobre todo, volver a editar.
Un triunfo tangible de esta nueva etapa es el rescate de la revista “Navegaciones Zur”, que luego de 16 años de publicaciones ininterrumpidas y un breve silencio, ha regresado con el número 56, ya disponible digitalmente.
El reto actual es la gestión de patrocinios para imprimir éste y el siguiente número, el 57, asegurando que la experiencia acumulada en poesía, narrativa y ensayo sirva para formar a los relevos necesarios.
La mirada de Silvia sobre el panorama actual de la literatura en Yucatán es de un optimismo crítico. Reconoce que esta es una tierra de pensadores que arrastra una estirpe milenaria desde la tradición maya.
Si bien admite, citando a Pedro Henríquez Ureña, que cada generación joven suele “pecar de soberbia” al intentar romper con lo anterior para fundar su propio canon, celebra el talento desbordante que habita en el Estado. Para ella, lo que hace falta es cultivar la disciplina del oficio y una curiosidad más voraz, elementos que los miembros del CYE están ansiosos por tutelar.
En un mundo donde la Inteligencia Artificial y las redes sociales parecen acechar la autenticidad, Silvia mantiene una postura valiente. Nos recuerda que esta “amenaza” tecnológica ha existido desde finales de los 80, aunque con otros rostros. Su invitación a los creadores es a no alimentar a la máquina; defiende que la literatura auténtica nace de la vulnerabilidad y la intimidad del autor.
Usar la IA para construir una obra es, para ella, un plagio de la experiencia vital: se podrá obtener el reconocimiento o el premio, pero se perderá la necesidad sagrada de recrear la realidad. “La IA debería estar para barrernos la casa y darnos más tiempo para crear, y no al revés”, sentencia.
El futuro inmediato del Centro Yucateco de Escritores se vislumbra brillante y activo. Confirma con entusiasmo que tendrán una presencia protagónica en la Filey, donde preparan sorpresas y colaboraciones con estudiosos de las letras.
“Es un año de regresos, encuentros y reafirmación del compromiso con la palabra escrita. El CYE ha vuelto para quedarse, escribir y contagiar a Yucatán de su inagotable frescura literaria”, concluye.— Renata Marrufo Montañez
“La IA debería estar para barrernos la casa y darnos más tiempo para crear, y no al revés”
